Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




noviembre 17, 2013

Notas de alta noche



Luis Fernando Gutiérrez-Cardona

La intensidad luminosa se mide en candelas
la corriente eléctrica en amperios
el sonido en decibeles
la longitud de la clave en bits
un terremoto por la escala de Mercalli
un huracán por la de Saffir-Simpson
pero esa intensidad...

A veces urge hacer el amor físicamente. Sorberse otra piel, unirse con ella, sabérsela. El sexo es un instante de unión total consigo mismo y con la naturaleza.

Es un esquema falso aquel de que hay diferencia entre tener sexo y hacer el amor, dilema construido para aligerar el sentido de culpa que el cristianismo nos tiene infundido. Prefiero el concepto de tener sexo al de hacer el amor, en el sentido de la diferenciación que hace la mayoría. No veo el pecado ni la culpa que se exime al separarlos o diferenciarlos. Cuando tengo sexo, amo. Y parte sustancial del amor, puesto que se ama para ello, es tener sexo.

Detesto que el sexo se tenga que ver como una actividad peligrosa, cuando es la expresión voluntaria de algo natural. Detesto que tener sexo sea algo que tenga que tamizarse por la mente, para permitírselo o no. Que haya que autoconcederse permiso. Detesto que el sexo privado sea asunto público en que todos están llamados a opinar.

Y que luego haya que vivir con el temor de que será cobrado en esta vida o en la otra.
Todo es hermosamente bello en el sexo. Las manos que se juntan al ritmo de los ojos y de los labios, los cuerpos que se funden y se doblan y se envuelven entre ellos y se compenetran; la ropa que desaparece, la piel que adquiere brillo, olor, sabor; la desaparición del entorno, la penetración del ser en una pausa cósmica, el fluir de brazos y de piernas, el reducir se y ampliar se espacial, cuánticamente. El ex presarse. El re presarse. El des hacerse. Pliegue por pliego, centímetro a centímetro.
Y que sea el ser, no solo el pene. Digo yo..

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