Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




marzo 13, 2007

Avances




Luis Fernando Gutiérrez-Cardona


Trae la radio una noticia: en un estado de los Estados Unidos el congreso debate la ley según la cual los presos mediante la donación de sus órganos podrán conseguir disminuciones de sus penas. Un pedazo de piel diez días, un riñón ¿un mes?, una vejiga (depende de su uso). Un ojo (para lo que hay que ver ¿dos horas?), un oído que distinga a mozart diez días, si solo ha escuchado tambores una hora. Una próstata palpada (5 horas), una que no (100). Quien sabe si ciertas presas otorguen un mayor descuento (según el carcelero). ¡Propongan!.


Donar el corazón liberará de la cadena perpetua. En todo los casos: no hace falta estar preso para ello.

La "civilización" avanza.

¿Por qué, si el preso puede, no lo podrá hacer el libre? - ¿Si quedará en esta civilización avanzada alguno que lo sea? -

Los corazones de los pobres del tercer mundo serán baratos: cálidos si, pero baratos.

Si se quiere el corazón de un sueco será distinto: resultará un poco frío, pero muy costoso. Se pensará que con el corazón llegue tambien el color de los ojos. Los ojos negros no son muy demandados.

¿Se cotizaran estos commodities en la bolsa? ¿Se generará un mercado de futuros? Piezas -asi se llamarán- de blanco a tanto, de negro a tanto, de indio a tanto. De diez años precio del día a tanto el gramo, de cincuenta eso, menos el sesenta por ciento. Para entrega inmediata. A 180 dias se concederán descuentos.

Órganos de asesino, de traficante, de violador según su pena. O según la vergüenza del comprador. No estarán en el mercado los de los políticos ni los de los mentirosos que se inventan las guerras porque sus partes quedarán fundidas con el bronce de las estatuas que se hacen a si mismos. Ni los de quienes trafican con la vida y con la muerte en vida de los secuestrados. Porque no son órganos, son piedras.

Los inocentes que estén condenados no venderán los suyos, pero se podrá recurrir a sus parientes, para ayudar en su defensa.

Daré mi corazón por nada, a cambio de un poema. A cambio de vivir en algo que no tenga con qué pagarlo.

Lo arrancaré con gusto y lo entregaré por una mirada al paso, por un brillo de complicidad en tus ojos, por un te quiero y el tiempo que tardes en decirlo. Y por tantos como digas y duren. Eternamente si, mas no por siempre.

(Este pobre corazón -aquí entre nos- no quiere vivir en otra parte, la civilización le aburre, el avance lo matará en beneficio suyo.)

No venderé mi corazón.
De poder, lo entregaría.
Digo más: de poder, lo devolvería.

¿Por qué no se transplantan las sonrisas?
Son gratis y no hay que arrebatar nada por ellas.

Tengo miedo: ¿alguien habrá pensado ofrecer por mi mirada? Es todo lo que hay que valga algo. Y no quiero cederla ni siquiera en comodato. Que se apague en el ser, es lo que quiero.

Pero si es a ti si. 
Si es a ti podrías ponerme preso y ofrecer luego por ella. 
No tendríamos que darnos nada a cambio.


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