Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




agosto 17, 2017

Nocturno






No se si me enseñaste a besar
o si aprendiste de mi.
Me besaste primero
y tu vida y la mia fueron una.
Y te sigo.
Queriendo no me importa.


lfg-c©

agosto 14, 2017

Ni así.





El amor cabe en el pequeño estuche de una joya.
El desamor necesita un buque de contenedores.
Y ni así.

lfg-c©

agosto 12, 2017

La mesa del lado.



Luis Fernando Gutièrrez-Cardona

para qué las palabras
si es posible el silencio?
—D. Jaramillo Agudelo

De verdad había mucho ruido en el ambiente aunque nada fuera de lo normal. La gente va a un cafè a conversar con sus amigos, las máquinas hacen ruido, hay música, pasan las meseras, se cae una taza al suelo y se rompe, se arrastran sillas, se gritan saludos, uno tambièn habla, hace movimientos extraños con las manos y gestos de todo tipo. Pero uno está con quien está y aunque haya mil personas está solo con ella y consigo mismo. De pronto hubo una luz. Descubri lo que es normal para todos. Tengo derecho a ser amado. Soy intrìnsecamente amable. No porque si o  porque se supone. No. Ni por razones subjetivas. No. Lo soy por razones objetivas y reales que conozco y conocen. Y lo haré valer.

lfg-c©

agosto 09, 2017

Soledades



Luis Fernando Gutiérrez-Cardona


De niño iba con mi padre de paseo y me hacía tirar en una manga boca arriba; también él lo hacía y empezaba a encontrarle formas a las nubes mientras murmuraba parecidos con su voz baja ahora tan cercana. A veces lo hacíamos desde un pequeño balcón en lo alto de una escalera mientras él, oloroso a cigarrillo me abrazada. 
Aprendí a hacerlo. Cosa de mirar con paciencia. El veía ángeles y yo dragones, el brujas y yo seres fantásticos -imágenes de Verne o Salgari en quienes ya incursionaba. El veía aves y yo barcos o aviones, él indios con plumas yo leones, y así. No coincidíamos pero los dos veíamos. De eso se trataba el juego: él, quizás, quería enseñarme a ver por mí mismo. Nunca me forzó a ver lo que él ni criticó mis ideas.

Luego empecé a ver, en soledad, que no solo las nubes tenían formas; que la tenían las montañas y el pasto, las plantas rastreras del solar. Y la luz.  Y que la forma que más me gustaba de las nubes era la de nubes, pues descubrí que el que tenía formas era el viento, para mí visible, que al arrastrarlas las hacía suyas, las convertía en lo que quería y en todo caso en viento mismo.

Hoy intento de alguna manera, con fracaso pleno, que vean a través de mí mismo el mí mismo mismo que hay. El que en el corto trayecto que camina cada día ve las personas que se cruzan, los carros veloces, los árboles, las flores. Testigo nada más. Sin juicios. El mundo pendiente del mundo a través de las pantallas se niega a ver el mundo.  El que se tropieza con el viento y alguna vez, como hoy, con la lluvia que de improviso aparece haciéndolo sentir que las nubes lloran por él.

Es un viejo estúpido que piensa vejeces, que las expresa, y a quien nadie quiere, dice alguno y otros lo pensarán: por eso va solo, siempre va solo. Y es verdad: voy solo aceptándome en silencio. No puedo hacer más ni menos. Pequeño humano no quiero cambiar mi imperfección; no vivo feliz con ella, pero ser perfecto al modo ajeno me haría más infeliz aún e importaría igual.

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