Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




junio 30, 2008

Notas de Aire




Luis Fernando Gutiérrez-Cardona


"pasa el tiempo
ya es parte del ayer
éste segundo"

"Campaneá que la vida se va"



Las personas iban a llorar al cementerio en donde quedaban, también físicamente, los seres que querían. Llevaban flores y pagaban a alguien que cuidara del lugar mientras llegaba el próximo domingo en que se cambiaban los claveles ya marchitos por unos nuevos y rojos. O por rosas. Se veía la gente camino de las tumbas con recipientes de agua y se preguntaba si fuiste a visitar a tu padre o a tu madre. Nadie dejaba de hacerlo, a no ser los malos hijos. Parados frente a la tumba después de pasar un trapo húmedo por la lápida de mármol, se establecían larguísimas conversaciones no se puede decir que con el muerto, porque éste, a los efectos, estaba plena y absolutamente vivo; se le contaba lo que pasó esta semana, lo que hicimos porque pensamos que era lo que hubieras preferido y la falta que nos haces y lo duro que es vivir sin ti. Con el tiempo, sí y solo con el tiempo, se cambiaban las flores por unas de plástico antes que desaparecieran del todo, y con ellas las visitas, pero es que ya el muerto también se había muerto.

No te he llorado suficientemente mamá, ni a papá ni a tí hermano que te fuiste antes de tiempo. No he ido a conversar contigo ni con ellos. No hay donde llevarte ni llevarles flores. Las cenizas que deja el fuego lo son en realidad y ocupan un sórdido lugar en el rincón de la iglesia en donde te lo procuraste por ti misma. Allí no hay espacio ni intimidad para conversar contigo un rato. Ni para llorar tomados de la mano. Allí da susto entrar y hay la sensación de que no es sano.

La vida avanza a la modesta velocidad de 29.5 kilómetros por segundo para que la tierra de la vuelta al sol en el tiempo en que ha de darla. Han pasado cuatro lunas. La partida es un acontecimiento que se sustituye con el nuevo de cada semana: tú sabes, no faltan nunca motivos para estar juntos. Un nuevo ser, un cumpleaños, un grado. El solo deseo de querer hacerlo. Apenas si te mencionamos de pasada, mamá. La muerte así resulta ser más sola. Para todos. ¿Y tú?. Esta semana fueron a tocar a casa los músicos que tu llevabas y preguntaron por tí. Les dijeron que habías muerto, que ya no estabas. Pero no es cierto: es que no se daban cuenta que estabas ahí sentada arropándote del frío. Me mirabas preocupada y cada tanto levantabas la cabeza, me veías golpeado -¿te contaron que llegue tarde porque me caí y que me pegué durísimo?- y me decías: "¿Te hace falta alguna cosa mijo? ¿Te está doliendo? ¿Si está bien que te tomes esos tragos?"

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