Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




febrero 05, 2009

Doce lunas





Luis Fernando Gutiérrez-Cardona


Por la senda de los sueños uno puede
transitar sin descanso todas las noches.
Pero al despertar, los sueños
se convierten en simples destellos.
(Ono no Komachi)




Han pasado ya doce lunas. Te fuiste con la oceanidad de dioses benevolentes un domingo al atardecer poco después de decirnos una vez más que nos querías. Todo resultó muy triste como resultan siempre las despedidas. Como es siempre que alguien se va. Fue amable; la gente te quería, la iglesia estuvo colmada, el padre habló de ti muy lindo. Estuviste rodeada de un montón de personas que te amaban y de flores.

Conforme a lo que creías has de estar ahora muy bien acompañada. Bastante mejor que aquí, por cierto: ¿quién puede competir con el barbado?. "Es distinto", dirás, "y ustedes me hacen mucha falta, pero qué le vamos a hacer mijito, qué le vamos a hacer".

Aquí pocas cosas han cambiado. Los acontecimientos familiares envuelven y desenvuelven el mismo ciclo; te habrás enterado: un par de hermosos seres más en tu zaga. Los otros crecen —que patada, habría que quedarse niño y para siempre— y tus hijos por sus caminos. Nos juntamos cada semana y ¿sabes? hablamos poco de ti o nada. Ha de ser porque no nos parece que no estás y al estar ahí no hace falta hablar de ti. Tu calor, ese afecto y tu amor no se han agotado, nos envuelve. Pero claro, es que estás ahí.
No he vuelto por donde está eso que queda, porque por donde vaya aún está tu todo.
No han faltado las fiestas y las celebraciones por una razón o por otra. Siempre querías que todas fueran, y las que no las inventabas. Lloramos mucho el primer día de la novena de navidad, pero desde un rincón hacías señas de que dejáramos eso: ¡qué bullas!, háganle pa'delante!, como que oyó alguien que dijiste. Y fue tal como siempre.

Han pasado doce lunas para ti, pero también para cada uno de quienes giramos sobre el eje que eres. ¿Sabes qué extrañé? Que por primera vez no encontré en navidad un regalo debajo de mi almohada. Es que claro, tu cuidabas ese detalle. Entiendo porqué no lo hubo, pero no quisiera que eso fuera una señal de que empiezas un poco a no estar. También está bien que no estuviera, ahora que lo pienso bien.

Pudiera hablar de mí pero que pereza llenarte la cabeza de cuentos. Solo que estuvimos por ahí de viaje y que te pensamos mucho todo el tiempo. Apenas quiero hablarte mamá hermosa, amada amiga, compañera. Solo conversarte mientras te desvives porque coma algo, porque tome otro café antes de irme, o porque no te deje el dulce que hiciste para mí por pura complicidad. Y porque me lleve en un tarrito el resto.


Doce lunas mamá que nos acercan más que nos alejan.

Me gusta verte y sentirte canturreando canciones olvidadas.

Un abrazo querida. Dáme ese beso y la bendición tal como te gusta hacerlo. Si Papá y Camilo andan por ahí cerca salúdalos también de parte mía.

Que se les verá pronto.



*

2 comentarios:

Mercedes Sáenz dijo...

Escrbis muy fuerte con bellas imágenes que hacen de los textos, con placer, volver a leerlos. Reflexiòn incluìda. Un abrazo. Mercedes Sàenz

Luis Fernando Gutiérrez-Cardona dijo...

Gracias Mercedes, he buceado con deleite por tus blogs... Un abrazo. lfg-c