Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




enero 22, 2010

Notas de Aire



Luis Fernando Gutiérrez-Cardona


1.

— Toma un cántaro de vino, siéntate a la luz de la luna
y bebe pensando en que mañana quizá la luna te busque inútilmente, 
dice Kayyam

— O bien podría meterla -la luna- en la botella o en el cántaro y beberla para que tome el lugar vacio en el pecho.

— Un vaso de vino, una noche de luna llena, un lugar tranquilo. Alguna compañia no demasiado dramática. La luna caerá en el vaso. Bébase de golpe y la luna estará dentro en un instante.

Si lo bebe a sorbos se beberán varias lunas. El resultado no será el mismo. Y habrá tiempo al arrepentimiento. Mire a ver. (Seguirá el vacío, pero será un vacío enlunado)

— Que sea “fondo blanco” entonces, basta con un solo corazón lunar, bastantes faces abarca… Seguirá el vacio mientras sea luna nueva, y rápidamente empezará a crecer hasta llenarse… y luego se caerá en el efecto “fénix”: muerte y resurgimiento.

— Y a eso es lo que llamamos "vida".

— Cierto.

(en el diálogo Bouffon de la Mort)


2.

Escribí:

"Me haces falta,
no importa que sea tan solo una palabra o dos,
no importa si es un hola, un hasta luego

o un adiós..."

Ni una palabra, ni dos, ni el hola, ni el hasta luego,
ni el adiós.

El silencio es la más poderosa de las armas suicidas
la más asesina de las armas.

Pero el peligro de reclamar palabras
es que aparezcan las que no queremos.

"Ten cuidado con lo que pides a los dioses, aconsejaba Sócrates, porque puede ser que te lo concedan".


3.

¿Qué es lo que suicida el suicida?
¿De qué?


4.

Condujo quinientos kilómetros para sentir dos abrazos, para compartir un rato, para andar unas cuadras, para ver unos cuadros, para mirar la ciudad desde lo alto, para comer una pizza, tomarse dos cervezas, ver ponerse el sol entre los callejones y para ser requerido por un par de policías traviesos. Y para dormir, terriblemente solo, en la cama dura de un hostal de mochileros, apenas si bohemio hasta las diez en punto.

Condujo quinientos kilómetros con el ansia secreta de darse de frente con una tractomula. No porque lo quisiera. Solo por accidente.

Condujo quinientos kilómetros entre lágrimas de desolación, con corazón de muerto.

Al regresar no lo esperaba un abrazo.

Ni le dijeron "siquiera que llegaste".

Enloqueció en el camino. 
Ahora el loco se hace el loco y luce cuerdo.


5.

"Te quiero", le dijo.
"¿Me quieres qué?" -le respondió.
No supo que contestar.
No dijo más.


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