Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




julio 23, 2010

¡A la guerra! ¡A la guerra!





Luis Fernando Gutiérrez-Cardona


¡Una guerra! ¡Una guerra con Vuvuzuela!

Si gana, que el Bolívar supuesto entre como Bolivar a Santafé después de Boyacá, bajo arcos de flores que la sabana las produce y bellas. Y que, cuando vea la encartada, se vaya de Santafé como Bolivar después del Septiembre aquel, despedido por la gaminería que le arrojaba cagajón a los gritos de ¡longanizo! ¡longanizo!.

¡Una guerra ya! ¡Con Vuvuzuela! ¡Ya, y sin amagues!

El mandará contra Colombia sus 20.000 millones de dólares en armas. Colombia lo recibirá exultante. ¡Dejaremos de pagar la gasolina más cara del mundo!

Suramérica el circo: un país rompe relaciones con otro, teniendo un exfutbolista decadente y cocainómano como testigo. ¡Pásela! ¡Un toque! ¡Una raya!

Quiero un Sukhoi en mi ventana. Papá me dejó de herencia una cauchera. Está nueva.


Cuando Pasen los Shukoi

Cuando pasen los Shukoi prometo no llorar
por el pabellón de los narcopolíticos,
ni el de los parapolíticos
de La Picota
o de cualquier otra parte
por el de los paramilitares,
donde quede
ni por el de los falsopositivistas
ni por la Casa de Nari.
No lloraré por el nido de ratas del otro lado de la calle, al Norte.
Prometo no llorar
por la fábrica de contratos que le sigue por el Occidente
ni derramaré una furtiva por la de esperanzas que hay por el Oriente.

No lloraré
si le derrumban el edificio al dueño de la banca
a los narcos
a los expoliadores
a los usureros
a los secuestradores
a los ladrones
a los depredadores
a los que atan las gentes de los árboles
a los que prefieren la guerra
a los que demandan por cincuenta mil millones a sus vecinos
a los que se quedan con la plata de la salud
a los que compran armas.
A los honorables que fallan con las manos en el bolsillo.

Si los shukoi hacen eso, prometo no usar contra ellos ésta cauchera.

Eso sí, si detrás de ellos vienen a lo mismo, no respondo de mí.

Ya mandé embolar mis botas, comandante.

*


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