Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




octubre 04, 2012

Ìntimo



Luis Fernando Gutiérrez-Cardona



"Somos bellos como dioses, aunque trágicos"
Vinicius de Moraes



En estos dias he estado reflexionando sobre el algo familiar a la luz de lo que se observa. Todos sabemos que esto es la continuación del encuentro que semanalmente teníamos con Mamá cuando vivía y que las hermanas nos aglutinan de la misma manera. Disfrutamos el rato de estar juntos, ver crecer a los niños,  transmitirles nuestras costumbres y  nuestros comportamientos. Los vemos crecer. Los vemos irse. Nos vemos enfermar, envejecer.

Pero de alguna manera siento que se ha vuelto una especie de territorio hostil y tierra de nadie que se aprovecha para desahogar tensiones naturales. Apenas si un abrazo de saludo y de despedida, apenas si unas pocas palabras cruzadas a lo largo de la tarde pero, frecuentemente, algunos dentellazos que no sé... 

El algo, materialmente,  no tiene importancia porque lo que lo motiva es otra cosa. Cuando nos llega el turno nos ocupamos de ello de la mejor manera. Entendemos que en todos los casos, lo que se ponga sobre la mesa es rico, es suficiente, es grato sin que cuente qué sea y quién lo haga. Mamá decía: si hay tostaditas, tostaditas les doy; si hay café un café; si un vaso de agua con eso basta. Y si no hay nada, con el amor les basta.

Ese amor es el que hay que dejar brillar. Hemos compartido los unos con los otros, en tanto que familia y en tanto que parejas, muchisimos años. Y somos lo que somos. Es probable que el amor que haya llevado a unirnos, no exista ya en esa forma original. O que sus motivaciones hayan variado. Pero en todo caso, no hay que ser bajo ninguna circunstancia crueles. Nos corresponde ser nobles de corazón, medir las palabras, los gestos, las respuestas y considerarnos por sobre todas las cosas lo que somos: seres humanos. Seres humanos compañeros del camino. Seres humanos sensibles. Al olvidarlo, soslayamos el hecho de que la palabra lanzada, deja una herida. Y toda herida una cicatriz.


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