Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




febrero 14, 2015

Coronel Sanders




Luis Fernando Gutiérrez-Cardona


Muchos años después, frente al inmenso refrigerador de un supermercado, meditó sobre los instantes más importantes de su vida. Recordó que apenas brotado de la cáscara un humano vestido con traje entero de color blanco que le cubria de los pies a la cabeza lo miró por detrás con ojo experto y determinó que era pollo. Con solo unas horas de vida lo metieron en una caja de cartón con 35 más de los de su especie y género y en un camión los llevaron a una granja inmensa. Todo parecía bien. Había comida y agua que manaba de goteros. Había lámparas que hacian de sol y fijaban la duración de los largos días y las cortas noches. Todo era tranquilo y silencioso para evitarles el estrés. Los vacunaron y al mismo tiempo que los alimentaban los embutian de químicos, de hormonas,  de esteroides y de cosas raras para que lucieran hermosos muslos, enormes pechugas y grandes alas a pesar de que todo movimiento lo tenían vedado. La meta era simple: ganar un gramo de peso por cada gramo de comida.  Comenzó a sospechar al ver que cada hora entraban pollitos de un dia por una puerta y los de siete semanas salían por la otra y se ingenió un plan para huir. Es preferible, se dijo, cruzar la carretera sin mirar que esperar el desplume estando todavía vivo. No compartió su plan con nadie y un dia dio un paso diferente al de sus miles de compañeros y se encontró en un enorme patio en que carros refrigerados eran cargados con seres como él pero totalmente desnudos, sin picos, sin visceras y sin cabezas. Corrió por el medio sin que nadie se inmutara por ello porque estaban ocupados inyectando agua a los cadáveres a fin de que pesaran más. El costo de salir a coger un pollo rebelde era demasiado alto para preocuparse por él. Así que al encontrarse con la autopista no miró atrás. No miró arriba. No miró a los lados. Miró al frente y, por suerte, se encontró después de medio correr y medio volar a través de latas que pasaban a velocidad endemoniada, en un campo de soya que había más allá. Fue su segunda sobrevivencia. Se desintoxicó comiendo insectos, lombrices y lo que el suelo diera. Un día en este supermercado donde se encuentra necesitaban quien hiciera de pollo para impulsar las ventas y el se presentó diciendo que podía serlo. Que ser pollo le venía en la sangre, que era algo genético. Que ni siquiera necesitaba disfraz. Sin examinarlo, con solo verle su cara de pollo, le extendieron una forma y quedó contratado. Conoció el hielo y está pensando ser el libertador de los pollos todos. Y se prepara para la batalla. Necesita un nombre. Ha pensado llamarse Sanders, Coronel Sanders.

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