Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




marzo 12, 2015

Años


Luis Fernando Gutiérrez-Cardona

No me gusta cumplir años.

No por que le de demasiada importancia: en fín de cuentas cada dia completa un nuevo año.
Cuando niño la cosa no era relevante: la familia era numerosa y serían tantas las celebraciones que no podían hacerse.
Por lo mismo, en casa, el huevo del desayuno era común: una tortilla dividida con cuidado.
Había un huevo para papá cada día en su cacerola propia e intocable y uno para quien cumplía años, si se acordaban de ello. Casos hubo en que no recordaron los mios.
"Le mataron un huevo" se decía.
Algún hermano gracioso puede que se decidiera a sacarlo de la canasta y a estrellarlo en la cabeza del de turno, si el temor del correazo no lo detenía a tiempo y si no implicara que lo reemplazarían con el suyo durante los próximos dos años.
Me celebré con entusiasmo uno o dos a lo largo de la vida.
Porque, dije, fueron esquinazos.
Había amor,  ilusiones y amigos.
Estos eran más y estaban cerca.
Y el alma era ligera.
La vida no era entonces una cuenta por pagar.
Ahora no quiero saber nada de ello.
La celebración, caso de haberla, es compromiso.
No hay afecto.
Algún regalo ha tenido que ser previamente negociado y consensuado: ¿qué te puedo dar si tienes ya de todo?
Una sonrisa, un tris de aprecio, digo. No lo creen.
Puede ser que abra una botella de vino y me tome, solo, las 4 copas que de ella salgan.
Para descelebrar el día que me concibieron
y aquel en que nací.
para celebrar anticipadamente la partida
y para compartir la última con la separadora, con la desdentada, con la dama pálida, a ver si se acerca.
Y de un manotazo veloz hace lo suyo.
El día acaba mal y triste.
He vivido demasiado.
Siempre pensé que la edad de Jesús o la de Alejandro serían un límite perfecto, como máximo.
Casi ocurre; pero, cuando iba a pasar miré desafiante y agradecido el rostro de la muerte,
y la vida, esa engañadora,
en venganza,
la apartó de un golpe.
Los predilectos de los dioses mueren jóvenes. No fui uno de ellos.
El tiempo no solo pasa: pesa.
Ahora lo sé.
Dobla la espalda y nos hace caminar más lento.
El sol se siente más quemante, la piel es un poco más débil cada día.
Un pequeño dolor allí, y otro allá. 
El amor escasea en proporción directa con el cabello
y con el entusiasmo.
Aumentan desasosiegos, dudas, pesares, ignorancia.
Y el futuro es un camino sin meta ni objetivo. Se está parado en él.

No me gusta cumplir años.



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