Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




junio 10, 2015

Noticias de la parroquia






Luis Fernando Gutiérrez-Cardona



Es evidente que la campaña de Oscar Iván Zuluaga fue infiltrada por la fiscalia a través del español Rafael Revert que lo grabó y es el principal testigo de cargo. Es incuestionable que Luis Alfonso Hoyos fue dejado en evidencia por el director de noticias de RCN quien violó la confidencialidad de la fuente y lo traicionó. Es evidente también que todos los gobiernos del mundo espían, y que -dado que la información es poder- todos están a la cacería de información no siempre por medios muy santos. Por ello todos los gobiernos del mundo tienen agencias dedicadas a la seguridad. 
El gobierno de USA espia con fundamentos legales discutibles a absolutamente todo el mundo. Se espían los amigos: los americanos a los alemanes, los británicos a los franceses y los chinos a todos. Cualquier cosa que pase por la red es seguida por la NSA de los Estados Unidos. Basta ver Citizenfour la película documental que mereció el Oscar. Pero como el Fiscal se convirtió en un factor político, su propósito es servir a esos intereses políticos. El gobierno colombiano espía. Si no lo hiciera estaría faltando a sus deberes. Los particulares, que sienten que el estado sirve fines espurios -o por interés o por plata- escuchan y ponen micrófonos, eso lo sabe todo el mundo. Y la tecnología está disponible para todo el que la quiera.  Mientras, nadie sabe quien participó en la conspiraciòn que mató a Galán, o quien mató a Alvaro Gómez, y los que se robaron a Bogotá tienen palacetes por cárcel y ninguna condena pues se valen de todo recurso dilatorio para salir por vencimiento de términos a disfrutar fortuna y poder con sus derechos políticos intactos. Los terroristas beben ron en las playas.

El proceso contra Hoyos es político y es venganza. Lo conocí de niño en el catecismo de los sábados. De adulto no he cruzado una palabra con él. Como todo político tiene interés en el poder que heredó de su padre allá en las montañas nativas, poder que acrecentó con  dotes personales de hombre disciplinado, estudioso y trabajador. Dicen de él que es un ser espiritual: yo creo que lo es. 

Frente a la polarización del pais este es un juicio de odio.

Pero Hoyos olvidó que siendo cazador, también podía ser la presa.




Protocolización general de la vida
Byung-Chul Han


En el panóptico digital no es posible ninguna confianza, y ni siquiera es necesaria. La confianza es un acto de fe, que queda obsoleto ante informaciones fácilmente disponibles. La sociedad de la información desacredita toda fe. La confianza hace posibles las relaciones con otros sin conocimiento exacto de estas. La posibilidad de una obtención fácil y rápida de información es perjudicial a la confianza. Desde este punto de vista, la crisis actual de la confianza se debe a los medios de comunicación. La conexión digital facilita la obtención de información, de tal manera que la confianza como praxis social pierde importancia en medida creciente. Cede el puesto al control. Así, la sociedad de la transparencia está cerca estructuralmente de la sociedad de la vigilancia. Donde las informaciones pueden obtenerse con gran facilidad y rapidez, el sistema social de la confianza pasa al control y a la transparencia.

Cada clic que hago queda almacenado. Cada paso que doy puede rastrearse hacia atrás. En todas partes dejamos huellas digitales. Nuestra vida digital se reproduce exactamente en la red. La posibilidad de una protocolización total de la vida suplanta enteramente la confianza por el control. En lugar del Big Brother aparecen los big data (grandes datos). La protocolización total, sin lagunas, de la vida consuma la sociedad de la transparencia.

La sociedad digital de la vigilancia muestra una especial estructura panóptica. El panóptico de Bentham consta de celdas aisladas entre sí. Los residentes no pueden comunicarse entre ellos. Los muros hacen que los residentes no puedan verse. Con el fin de mejorar, son expuestos a la soledad. En cambio, los habitantes del panóptico digital crean una red y se comunican intensamente entre ellos. Lo que hace posible el control total no es el aislamiento espacial y comunicativo, sino el enlace en red y la hipercomunicación.

Los habitantes del panóptico digital no son prisioneros. Ellos viven en la ilusión de la libertad. Alimentan el panóptico digital con informaciones, en cuanto se exponen e iluminan voluntariamente. La propia iluminación es más eficiente que la iluminación ajena. Tenemos ahí un caso paralelo con la propia explotación. La propia explotación es más eficiente que la explotación ajena, porque va unida al sentimiento de libertad. En la propia iluminación coinciden la exhibición pornográfica y el control panóptico. La sociedad del control se consuma allí donde sus habitantes se comunican no por coacción externa, sino por necesidad interna, o sea, donde el miedo a tener que renunciar a su esfera privada e íntima cede el paso a la necesidad de exhibirse sin vergüenza, es decir, donde no pueden distinguirse la libertad y el control.

Vigilancia y control son una parte inherente a la comunicación digital. Lo peculiar del panóptico digital consiste en que comienza a desaparecer la diferencia entre el Big Brother y los habitantes. Aquí cada uno observa y vigila al otro. No solo nos vigila el servicio secreto del Estado. Empresas como Facebook y Google trabajan ellas mismas como servicios secretos. Iluminan nuestras vidas para sacar capital de las observaciones obtenidas mediante el fisgoneo. Las empresas espían a sus empleados. Los bancos examinan con lupa a potenciales clientes de crédito. El eslogan propagandístico de SCHUFA, a saber, «Nosotros creamos confianza», es puro cinismo. En realidad, deshace por completo la confianza y la sustituye por el control. «Le ofrecemos una mirada de 360 grados a sus clientes.» Con este eslogan hace propaganda Acxiom, la empresa americana de big data, con el fin de conseguir encargos. Acxiom es una de las empresas de datos que hoy crece de forma extraordinaria; mantiene un colosal almacén de datos con muchísimos miles de servidores. Su sede empresarial en Arkansas, Estados Unidos, está protegida y es vigilada rigurosamente, como si fuera un edificio del servicio secreto. La empresa posee datos personales sobre unos 300 millones de ciudadanos de Estados Unidos, o sea, sobre casi todos. Sin duda Acxiom sabe más sobre los ciudadanos de Estados Unidos que el FBI o el IRS (organismo de los impuestos federales).

Entre tanto el aspecto económico del espionaje es difícilmente separable de su utilización como servicio secreto. Lo que hace Acxiom no se distingue, en principio, de la actividad de un servicio secreto. Sin duda trabaja con mayor eficiencia que los servicios de Estados Unidos. En relación con el esclarecimiento de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, Acxiom proporcionó a las autoridades datos personales de 11 sospechosos. El mercado de vigilancia en el Estado democrático se acerca peligrosamente al estado de vigilancia digital. En la actual sociedad de la información, en la que el Estado y el mercado se fusionan cada vez más, la actividad de Acxiom, Google o Facebook se acerca a la de un servicio secreto. Se sirven con frecuencia del mismo personal. Y los algoritmos de Facebook, de la bolsa y del servicio secreto llevan a cabo operaciones semejantes. Se aspira en todas partes a un rendimiento máximo de la información.

Por una adaptación nada espectacular al «Protocolo de internet versión 6», el número disponible de direcciones de web es hoy casi ilimitado. Así, es posible proveer cada cosa en la vida cotidiana con una dirección de internet. Los chips de RFID (identificadores de radiofrecuencia) convierten las cosas mismas en emisoras activas y actoras de la comunicación, que envían informaciones de forma autónoma y se comunican entre sí. Este internet de las cosas consuma la sociedad del control. Nos observan cosas que nos rodean. Ahora nos vigilan también las cosas que usamos en la vida cotidiana. Ellas envían informaciones sin pausas sobre nuestro hacer y omitir. Contribuyen activamente a la protocolización total de nuestra vida. Las Google Glass nos prometen una libertad sin límites. Sergey Brin, jefe de Google, se entusiasma con las imágenes admirables que hacen las Google Glass gracias a su función de disparar automáticamente una imagen cada 10 segundos. Según él, estas imágenes fantásticas no serían posibles sin las Google Glass.

Precisamente, estas gafas de datos hacen posible que extraños nos fotografíen y filmen sin cesar. Mediante las gafas de datos cada uno lleva consigo, en la práctica, una cámara de vigilancia. Es más, las gafas de datos transforman el ojo humano mismo en una cámara de vigilancia. El ver coincide por entero con la vigilancia. Cada uno vigila al otro. Cada uno es Gran Hermano y prisionero a la vez. Ahí tenemos la consumación digital del panóptico de Bentham.
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