Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




enero 14, 2017

Obituario





Luis Fernando Gutiérrez-Cardona


Mi cuenco de mendigar
Ha aceptado
Las hojas que le han caído.
—Santoka




Fue concebido una noche del mes de junio de un año sin memoria en medio del silencio de montañas imposibles. No sabría decir si con amor o sin él o solo como parte de los deberes de la vida y las costumbres de los tiempos. El hermano que lo precedía ya tenía dos años y corretearía con otros mayores los patios de una casa que no supo con el tiempo cuál sería. El espermatozoide que ganó la carrera aquella noche estaba marcado por el sino de la falta de gracia por no decir desgracia. Así que un medio día de marzo se asomó al aire. No debía ser gran cosa si se juzga por la foto del primer año, única que hay suya hasta muchísimo más adelante cuando contra su voluntad se hizo otras. Era un monito flaquito y decididamente feo. Mono cayubro lo recordaba su madre sin explicar muy bien lo que significaba. El rubio desapareció, pero no así su escasa presencia. Y eso fue todo; situado en el medio, otros cuatro hermanos siguieron los cuatro anteriores y no supo de nada hasta cuando, adquirida de golpe la conciencia, vino a saberlo todo de una vez y para siempre. Además de mentalmente imperfecto, se dieron cuenta de que tenía problemas de visión. Su ojo izquierdo apenas si veía por lo que el derecho miope y un tanto estrábico se encargó de descubrirle el mundo. Aquel día en que adquirió la consciencia empezó a pagar una deuda que no pidió y la pagó día por día, sin que faltara uno solo. Porque cada día alguien le recordó que la tenía. En su interior bullía una extraña energía, una sensibilidad muy especial, que contuvo haciéndose una coraza que la aislara de la incomprensión y le impidiera perder la razón. No vivió. Sobrevivió al desamor de los quereres aparentes. Tomó la vida por el lado amable y reservó para si sus penas, sus dudas, sus pesares, sostenido en la convicción de no estar hecho para vivir demasiado. Pero el día que se encontró de frente con la muerte, en el momento en que estaba bien, la miró a sus vacías cuencas, y le dijo que hiciera su trabajo, que no le temía. Y la muerte, vengativa,  dio la vuelta y lo dejó ahí renovando sus deudas. Amó intensa y apasionadamente sin obligar a nadie, sin poner condiciones, con un amor que no entendía que pudiera darse sin libertad. Y quiso ser humano pero desde el inicio estaba condenado a ser criatura cualquier cosa que esto sea. No conoció el cielo y olió el infierno. No creyó en el purgatorio porque era su realidad pero vivió en el limbo oscuro, desolado y frío del ser que no es. Se refugió en los libros, en la palabra que nadie entend, en las posibilidades infinitas de un interior que nadie más quiso aceptar y que creía exhibir abiertamente sin que fuera visto por nadie. El reproche soterrado o abierto, el reclamo a flor de piel, el desprecio no siempre callado de los suyos y los otros. Tan solo le hizo falta saber y no muere por no averiguarlo. Cuando le preguntan dónde está responde con la mente lo que el corazón no puede responder: que no está ni ha estado nunca salvo la masa que otros vean de él y puedan ubicar. Carente de esperanzas, tan solo reconoce, pleno, el odio que despierta. Nadie lo recordará pues no muere lo que jamás vivió. 


"No hay más que esta senda

Camino en soledad."

§

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