Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




mayo 14, 2017

Madre


Luis Fernando Gutiérrez-Cardona


Cuando mi madre pasó había cumplido ochenta años. Había tenido una niñez feliz de padres y hermanos afectuosos, había vivido en el campo, cultivado flores y café entre una multitud de primos suyos. Sabía nadar, montaba a caballo. Se había casado a los 18 con alguien llegado de muy lejos. Había tenido al menos diez hijos. Había perdido el primero y alguno más en medio. Los había criado a todos, dirigía la casa desde la madrugada y se acostaba de última, encendía el fogón, volteaba las arepas, nos enviaba a todos al colegio bien vestidos, mantenía la casa en orden, las ropas limpias, las camas tendidas, la economía a flote sin sobrantes ni faltantes, los cuellos y los puños de las camisas de mi padre almidonados. Con ella había tragos, algo y merienda. Cosía nuestra ropa y también cosía ajeno. Iba a la iglesia, apoyaba obras sociales aunque hacer la suya era suficiente. Cantaba, reía, enseñaba, disciplinaba. Encoraba el rosario, supervisaba las gallinas, cuidaba al perro. Inquieta. Curiosa. Bonita. Vivaz. Inteligente. Generosa. Paciente la más de las veces. Acabada la tarea, o para acabarla, se puso a trabajar hasta retirarse con su jubilación y sus honores. Quería vivir hasta morir. Se dio sus vueltas por el mundo y cuando Dios le avisó, le dijo que esperara un poco “que yo no quiero irme todavía”. Mi madre sigue ahí, corazón nuestro. Sustancia que nos une y aglutina, presencia vital. Ausencia que no falta.

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