Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




junio 06, 2017

Fracaso





Luis Fernando Gutiérrez-Cardona

Puedes decir la cosa más maravillosa. Tener el gesto más amable y más difícil de entender de otra forma. Poner tu mejor sonrisa, tu mejor actitud y tener las mejores intenciones, pero siempre topar con quien retuerza ello y siempre saque a relucir la sospecha y el pasado que guarda en un baúl que lleva en la espalda no importa lo que pese, del que nada se cae, del que nada se abandona, del que nada se va. Del que no se olvida nada no importa que tan poco aplique al momento, no importa que tanto hiera porque, según ellos, la exclusividad de las heridas les pertenece. No importa su ego, su frialdad la disimulan como víctimas. Ellos son seres angelicales a los que todo les ha ocurrido por la maldad de otros, y a nadie han hecho nada. Uno duda de su condición de humanos, tanto como refuerza la propia, es decir la imperfecta que no aceptan.  La leve lluvia de hoy se compara con la gran tormenta de hace siglos y la presagia. Queda uno sin argumentos pues ninguno es válido y todos darán pie a tomar algo nuevo de lo que se reserva para zaherir, para atormentar, para atormentarse. No hay escapatoria diferente de huir hacia dentro llevándose su gesto, su sonrisa, su actitud, su regalo y el pensamiento imposible de ejecutar de no volver a cometer el error. O de colgar el gorro.

Bien dijo Buda:

“Hubo una vez un hombre que fue herido por una flecha envenenada. Sus familiares y amigos le querían procurar un médico, pero el hombre enfermo se negaba, diciendo que antes quería saber el nombre del hombre que lo había herido, la casta a la que pertenecía y su lugar de origen. Quería saber también si este hombre era alto, fuerte, tenía la tez clara u oscura y también requería saber con qué tipo de arco le había disparado, y si la cuerda del arco estaba hecha de bambú, de cáñamo o de seda. Decía que quería saber si la pluma de la flecha provenía de un halcón, de un buitre o de un pavo real... Y preguntándose si el arco que había sido usado para dispararle era un arco común, uno curvo o uno de adelfa y todo tipo de información similar, el hombre murió sin saber las respuestas."

Y bien dice quien comenta:

"En la parábola, la flecha es la tragedia inmediata, significando el egoísmo base que se ha convertido en el lugar común de la existencia moral... No nos damos cuenta de la gravedad de la herida, o estaríamos impelidos a remover la flecha inmediatamente, utilizando cualquier medio a nuestro alcance para liberarnos de los venenos que han sido colocados en la punta de la flecha. Mientras el ser humano viva apegado a un código de interés personal, justificando el error malinterpretando los patrones universales a su alrededor, nunca podrá conocer la libertad más allá del dolor.

[...] El budismo toma la posición de que cuando un hombre se da cuenta que está viviendo de manera incorrecta, es su obligación moral rectificar su carácter, y si no hace esto debe cosechar sus errores. Es completamente imposible para un ser humano romper las reglas de su especie y evitar el sufrimiento. Así que debe de decidir cuánto está dispuesto a sufrir, cuánto tiempo está dispuesto a ser infeliz y a vivir sin seguridad como resultado de su ignorancia o falta de valentía."


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