Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




junio 22, 2017

Parábola




Luis Fernando Gutiérrez-Cardona




No sé si conseguiré expresar lo que quiero. Siempre me ha llamado la atención la parábola, tanto en su significado geométrico (lugar geométrico de los puntos de un plano que equidistan de una recta dada, llamada directriz, y de un punto exterior a ella, llamado foco), como en el literario (narración pequeña de la que se extrae una enseñanza).

La figura de la parábola muestra un punto máximo denominado vértice, a cierta distancia de una recta exterior, la directriz; y que desde ese punto hacia el interior y a la misma distancia hay otro punto, el foco. Por estos, vértice y foco, pasa una línea de simetría a cuyo alrededor se desarrolla la parábola... un brazo ascendente y otro que desciende.
"Al desplazar el punto a lo largo de la parábola podemos comprobar que si un rayo parte del foco y rebota en la parábola, su reflejo saldrá de ésta paralelo al eje. Y recíprocamente, si lanzamos un rayo paralelo al eje de la parábola, al rebotar en ella llegará al foco".

Los usos físicos de la parábola son conocidos y no es eso de lo que quiero hablar, sino de la vida como una parábola como la he visto, como la he vivido: se nace sin querer, se asciende lentamente, muy lentamente, por el llamado camino de la vida; se asciende, a veces se trepa, pegado de la pared con dientes y uñas, rasguñando en procura de algo que no es el foco sino el vértice. En determinado momento se llega a él: es solo un punto, es solo un momento; allí en realidad no hay nada. Ningún premio aparte de otear lo pasado, de vislumbrar una tierra prometida de la que la razón se burla. La directriz no sirvió de nada, si hubo alguna. Fue solo un empujón. No hay una parte plana, no hay una porción tranquila. Sencillamente el vértice es el comienzo del descenso. Al principio se tiene fuerza y resistencia para hacer lenta la caída, pero se acaban y el proceso se acelera incontrolado. Solo dependiendo de la longitud de la parábola temprano o tarde se termina aterrizado o sumergido o hundido. Lo curioso es que pese a la simetría el lado de subida parece ser más corto que el de bajada, aunque más lento. Luego, como el proyectil que se arroja calculando todas las variables de su parábola, explota al golpearse contra la superficie. A veces antes, dependiendo de la tecnología o de los recursos.

Así transcurre todo: nacimiento, niñez, juventud, estudio, trabajo, amor, sexo, vida y muerte.

El foco: todo lo que sale de él hacia la parábola se prolonga en paralela al eje y lo que se envía a la parábola por esas paralelas acaba llegando al foco. El único foco de la vida, por mucho que uno se enfoque, es la muerte. Lo único real y verdadero. Y la directriz ¿qué aportó la directriz? ¿Nada? No lo sé, sinceramente no lo sé.

Observo que la parábola puede ser tan extendida como se quiera y no sé si se pueda reducir su apertura pues en alguna parte tenderá a la vertical o a la horizontal. Subir como palma y caer como coco. O navegar sin fin. Sería mejor y se sufre, o se sufriría, menos. Parábola o catenaria. Da lo mismo. Esta es más dramática: el ascenso es solo consecuencia del impulso de la caida.





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