Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




julio 31, 2017

Tarde de viernes




Vivir es ser otro
F. Pessoa



De un momento a otro, fijando en mis ojos los suyos muy azules, me dijo que (en estos tiempos) no hay en quien confiar. Y agregó que una vez a uno se la han hecho ya no hay posibilidad de recuperarlo. Me detuve ese instante que acostumbro y le respondí que de hecho si hay en quien confiar; solo que los tiempos han revaluado la amistad. Ésta es cada vez más exótica por lo abundante. Los amigos eran físicos, producto de la vecindad, el estudio, el trabajo, las aficiones, la familia. Hoy se tiene tantos amigos como clic haga en aceptar o como a las invitaciones respondan positivamente. Luego, aunque escasamente, es posible una manifestación de agradecimiento por la solicitud o la aceptación. Después el mismo vacío de antes. Seguirán estando en un listado como amigos pero jamás se cruzarán una palabra. Entonces no hay espacio para generar una situación en que la confianza llegue a construirse o a tener alguna relevancia. Si se es persistente se asume, conscientemente, un cierto rol de acosador que a la primera oportunidad será exhibido para sacarse de encima la intensidad. Pero si es posible. Y no es tan cierto lo de que nada vuelve a ser como antes. Bueno, acepto la imagen socorrida del papel arrugado y arrojado al piso que no vuelve a ser igual después de recogido por mucho que se lo intente recomponer. Pero el ser humano no es un objeto y el objeto que es, es en esencia imperfecto. No sé si me defendia, pero no podía dejar de anotar que todos tenemos errores y que la mayoría de ellos se remedian olvidando. Mas no estamos hecho para ello sino para el rencor y la venganza. Dios no dio oportunidad a sus ángeles rebeldes: los arrojó al infierno igualándolos a Él para tener una contraparte que le diera el poder del miedo, de que de otra manera carecería.

No me convences, replicó. Ni intento hacerlo, dije, no me convence a mi mismo, pero es lo racional. Un "te quiero", de su parte, cerró la conversación.


Y -profundamente triste- agregué que nunca he amado con la cabeza, que siempre lo he hecho con el ser y que nadie que ha habitado en él ha dejado de hacerlo. El silencio subsiguiente no es olvido sino respeto y aceptación.

Callamos.

lfg-c©


 

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