Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus. "
Epicuro

"Ciegos que viendo, no ven."
José Saramago

Crónicas, escenas y reflexiones sobre el mundo y lo que veo.

octubre 05, 2025

Padre, Francisco


"Tenía seca la garganta a fuerza de pedir, hinchados los pies a fuerza de caminar. Me cansé de llamar a las puertas para mendigar, primero mi pan, después una palabra de bondad, al fin la salvación. Todo el mundo se burlaba de mí y me llamaba simple de espíritu. Me zarandeaban, me expulsaban, ya no podía más. Aprendí a blasfemar. Después de todo, soy un hombre; estaba cansado de caminar, de tener hambre y frío, de llamar a las puertas del cielo sin recibir nunca respuesta. Una noche, en el colmo de la desesperación, Dios me tomó de la mano. Padre Francisco, también a ti te había tomado de la mano, y así nos encontramos."

Tenía mi padre siempre sobre su mesa de noche el libro de Nikos Kazantzakis, El Pobre de Asis. Quien sabe qué camino cogió entre el trasteo, las limpiezas que suelen hacer las señoras y la muerte. Recuerdo mucho y aprecio el haberlo leído tomándolo de allí por primera vez. Más que memoria: constancia. Una constancia olorosa a pielroja, esos cigarrillos baratos de la época, a páginas que se abrían como ventanas hacia el temblor de Francisco, y hacia el de mi padre. Ese libro sobre la mesa de noche no era un objeto: era un umbral, una presencia silenciosa que tejía complicidad entre generaciones sin necesidad de palabras.

El padre entonces era padre. No amigo. Era el peso de una época, de una forma de amar sin confesarlo, de una distancia que no era ausencia, sino respeto. Las venas sobresalientes en sus manos eran como raíces: visibles, fuertes, discretas. Y yo, niño lector, tocaba el mundo a través de esas manos y de ese libro. Hoy la figura del padre se diluye, o la diluye él mismo. Tal vez el respeto se ha invertido. No es vertical, sino ansioso. La hijo-dependencia negocia el afecto al tiempo que la herencia. El guion afectivo dominante es otro.

¿No es acaso El pobre de Asís un libro para quienes buscan en lo invisible una forma de presencia? Lo leí en la infancia, lo releo ahora, desde el miedo de la vejez, desde la ética de la memoria que honra.

 



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