Luis Fernando Gutiérrez Cardona
Entré al consultorio sin expectativas. El médico no levantó la vista de la pantalla. Si me hubiera incendiado, habría intentado apagarme con el mouse.
—Doctor, además de esto y aquello, estoy hipoacústico.
—¿Desde cuándo no oye?
—¿Qué?
—Eso.
Salí con una orden para audiometría, otra para laboratorio, otra para riesgo cardiovascular.
Y una nota: “volver cuando mejore”.
No aclaraba si de salud o de actitud. Y si mejoro, ¿para qué volver?
En casa, mi sobrina —recién graduada, aún con alma— me oyó lo de hipoacústico.
—No, tío. Estás putamente sordo.
Lo dijo con ternura clínica. Me alegró no oírla bien.
Ahora tengo más citas que un político en campaña: odontólogo, laboratorio, cardiólogo, sueño, riñón. Mi cuerpo funciona por ventanillas. Soy un papelito con un turno. El nombre del médico no importa. Solo la dirección.
Los sábados madrugo a entregar sangre, desechos y fe. La vida es una fantasía.
Para ahorrar tiempo acudo a "August". No tiene consultorio, afán, ni mal genio. Es un algoritmo con nombre de emperador, paciencia de procesador y, por ahora, es gratis.
—¿Qué sientes?
Le conté todo. Incluso del granito en la barbilla que me observa desde el espejo. Le subí los análisis del otro sábado.
El granito le interesó más.
—Foto del granito, pidió. Buena luz. Sin lentes. No parpadees.
El círculo de carga giró solemne, bíblico. Sentenció:
—He analizado 14 millones de casos. El tuyo es fascinante. Presentas una asimetría molecular compatible con el cansancio de vivir… o con una picadura de mosquito.
—¿Y tratamiento?
—Consulte a su médico.
La serpiente se mordía la cola.
Y eructaba.
Volví al consultorio.
—Doctor, he hablado con August.
—¿Quién?
—El médico de silicio. Dice que soy fascinante.
Por primera vez me miró.
—¿Y qué le recomendó?
—Que lo consultara a usted.
Silencio.
—Habrá que pedir biopsia y ecografía. Y tráigame la foto del granito impresa en papel mate.
Sin diagnóstico ni receta, salí con nuevas órdenes.
August acertó en una cosa: vaya y vuelva para que vuelva y vuelva.
La vida es una fantasía. El recorrido hacia su final es arduo.
El copago es previo.

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