Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus. "
Epicuro

"Ciegos que viendo, no ven."
José Saramago

Crónicas, escenas y reflexiones sobre el mundo y lo que veo.

marzo 14, 2026

Carta para los míos y todos

Manizales, marzo de 2026

Carta a la tribu

Queridos míos:

Cumplir años es asistir a una extraña inflación. Mientras la vida y la muerte reducen la lista, las pantallas insisten en llamar “amigo” a cualquiera que se sume al inventario digital. Y sin embargo, ustedes —los que quedan, los que resisten— son la prueba de que la palabra todavía tiene hueso.

Quise traer a Sócrates y a Aristóteles a la mesa, solo por verles la cara ante este mercado de afectos sin cuerpo. Los imaginé entrando al restaurante digital. Sócrates se detendría, con esa mirada que busca una grieta en la superficie:

—¿Y aquí dónde se conversa? —preguntaría.

Le mostraría un hilo de comentarios. Él vería monólogos apurados, gente gritando para no sentirse sola, pulgares arriba como señal mínima de existencia.

—Esto no es amistad —diría—. Es gente hablando sola en compañía de otros que también hablan solos. La amistad es un parto, y aquí nadie está dispuesto a sangrar por una idea.

Aristóteles, más paciente, pediría un café y empezaría a clasificar el ruido con calma.

—Este de aquí —diría, señalando un perfil profesional— es amistad por interés. Útil, sí, pero frágil como el vidrio. —Este otro, por placer: fotos retocadas que quizá ni suyas son, vidas editadas que entretienen mientras se espera.

Pero al mirar mi tribu —ustedes—, la que queda, la que resiste el frío de las montañas, levantaría su taza:

—Aquí sí hay algo. Aquí hay tiempo. No se puede ser amigo de tantos, porque no hay forma de compartir la sal necesaria. La amistad requiere convivencia; el resto es número.

Yo los escucharía reconociendo en sus voces mi propia tempestad interna. Les diría que, amigo siempre de mí mismo —con matices y naufragios—, he aprendido que la soledad no es un vacío, sino un territorio conquistado. Y que la edad, como dice Yourcenar, no es un número sino un estado que cambia de hora en hora: a veces tengo diez siglos, a veces cuarenta años y, en ciertos momentos —cuando la luz cae bien o el perro me mira—, apenas cuatro.

Les explicaría que los ausentes no dejan un hueco, sino que pasan a formar parte de la estructura. Las ausencias no están en la lista de contactos: están en la raíz. Olga Lucía, por ejemplo, no está en la mesa, pero está en la forma en que entiendo el mundo.

Sócrates me tocaría el hombro. Aristóteles bebería el último sorbo de café. Y los tres entenderíamos que, en este mundo de pantallas de cristal y clics, la verdad sigue siendo la de siempre: que alguien, a pesar de todo, permanece.

Los abrazo con gratitud. Y, como siempre, espero su respuesta.

Luis Fernando (Nano)




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