Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus. "
Epicuro

"Ciegos que viendo, no ven."
José Saramago

Crónicas, escenas y reflexiones sobre el mundo y lo que veo.

marzo 12, 2026

Mirando el abismo y el amanecer al mismo tiempo

 

Luis Fernando Gutiérrez Cardona 


I. Punto. La edad como umbral y como espejo

Cumplir años, para quienes hemos visto demasiados, no es celebración sino inventario. La edad no solo suma tiempo: suma ausencias. He visto partir a padres, hermanos, amigos. Cada muerte abre una grieta que no se cierra, solo se hace paisaje.

Para un niño católico, el año dos mil era un borde mítico: el fin, el juicio, el cierre del telón. Y no solo crucé ese borde: asistí a varios “fines del mundo”, vi desfilar Papas, guerras, luces que no iluminan y oscuridades que no terminan de apagarse. Vivir es ya habitar un tiempo que parece prestado, como si la historia hubiera seguido sin uno.

Viví la oscuridad de no tener pantallas. Y esta luz de ahora que no parece luz —este resplandor incierto— es el túnel de un tiempo donde nada es firme, donde destruirse es pasatiempo. Donde el humano es recurso prescindible, pieza en proceso de sustitución total. Esta percepción no es delirio: es sensibilidad afinada.

He visto partir a quienes me dieron origen y a quienes compartieron mi tiempo. Y llegar a los miles de millones que habitan conmigo en el ciberespacio.

Esa suma no produce soledad ni compañía.

Produce algo más vasto: una intemperie existencial.

Nada me es ajeno, porque he vivido lo suficiente para reconocer todos los rostros. Nada me es propio, porque lo que era mío —gente, época, certezas— ya no está. Esa doble condición no es sabiduría: es claridad. Mi edad roza los límites de la esperanza de vida; no deseo morir, solo constato un hecho.

Los poderosos proclaman como triunfo las heridas, la metralla, los cascotes.  Los misiles, la indiferencia, la destrucción son sus trofeos.  No, no es bueno asomarse demasiado a ese abismo, porque devuelve la imagen del mundo en que cuesta sostenerse.

NEC UT SOLES DABIS IOCOS.

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II. Contrapunto: El presente como lugar habitable

La vida es presencia y es recuento. Se aprende a estar en ella sin explicaciones. El presente, el territorio donde sostenerse, es una pantalla.

La edad, con lo que quita, da algo extraño: una lucidez agridulce. 

No espero señales ni epifanías. Sigo aquí, respiro. El día no es alegría o desolación: es un fluir de cualquier cosa.

Salvo la luz de cada nuevo amanecer no hay comienzo. Por lo demás, incluso en los tiempos más inciertos, hay cosas que sostienen:muy presencia, la sonrisa generosa, la conversación, un libro abierto. No son salvavidas; son anclas discretas.

El mundo seguirá. La humanidad lastima y abraza. Pero en medio del ruido de bombas y de estadios, hay una forma de sobreponerse; una manera de existir,  instantes que justifican su permanencia.

Quizás el valor de habitar el tiempo ahora sea:

Seguir mirando.

Seguir nombrando. 

Seguir mirándote y nombrandote.


 

 


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