Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus. "
Epicuro

"Ciegos que viendo, no ven."
José Saramago

Crónicas, escenas y reflexiones sobre el mundo y lo que veo.

abril 03, 2026

El prendimiento

–mañana no será lo que dios quiera–  

Ángel González


A el prendimiento, aquella procesión nocturna de Jueves Santo que empezaba más allá del puente de la quebrada del centro, en ese pueblo imposible de los Andes a la que nosotros, por niños, no podíamos ir, Carlos Alberto —mi hermano mayor— iba de judío a poner preso al Señor. Creo que al asunto le revolvían aguardientes. Era dramático, violento, y las anécdotas corrían como parte del rito.


Sigo siendo fiel a la procesión de las once de los viernes. En los últimos años recogía a mi hermana Olga Lucía y nos íbamos a la de Marsella. Hicimos planes para hacerlo igual el año pasado, pero ella murió el Domingo de Ramos. Mañana iré con Felipe. No soy de nostalgias, pero en Jueves y Viernes Santo se me aparece el cuadro familiar al completo, con la mamá al mando y papá llevándonos de la mano, hoy dispersado y con faltantes definitivos. Tampoco está Camilo.


Hay algo en estos días que no es doctrina sino archivo: cada año se repite el rito, pero si bien la superficie cambia, lo que uno lleva dentro no, y entonces el rito se vuelve espejo. Lo que aparece no es la religión —truculenta por necesidad, hecha de misterios, espera, esperanza y fe— sino su mérito más hondo: religar. Reunir lo disperso, aunque sea por un instante.


A veces me pregunto qué pasó con Zeus, con Júpiter. Nada extraordinario: cumplieron su ciclo. Las divinidades son metáforas colectivas; cuando cambia la comunidad, cambia el panteón. Pero el impulso que los creó —la necesidad de relato, de orden, de vínculo— sigue intacto. Por eso, aunque los nombres varíen, la estructura permanece. Las catedrales son museos.


Volver a Marsella no es repetir: es honrar y volver sobre sí mismo. Es la forma en que la memoria se rehace, con la sobriedad que permite seguir caminando entre los vivos y los ausentes, sabiendo que en ciertos días el cuadro familiar vuelve a alinearse, aunque sea por un momento, como una procesión que pasa y deja su huella.



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