Sendas
Luis Fernando Gutiérrez Cardona
Vació sus redes hasta el hueso. No fue difícil: nunca estuvieron llenas. No ofreció piel, chismes, ni morbo; en vez de besos, versos. Y, en aquel mercado de ruido, eso no cotiza.
Los que quedaron no fue por imprescindibles. Quedaron por una razón opaca, como lo que no se decide si guardar o tirar. No por ellos: por él, para reconocerse vínculo o sombra.
Sus poemas mínimos, sus frases como anzuelos, sus provocaciones limpias. Que nadie respondió. Nadie miró. Nadie hizo el gesto más simple: un eco.
Al otro lado no hay lamento. El algoritmo resta uno en cada cuenta.
Si te fuiste es porque jamás hablaste.
Epílogo
Campana que cae en el aire vacío: clic que se pierde.

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