Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




abril 03, 2006

¿Que Es la Vida? - Nota a un sobrino de 15 años.




Luis Fernando Gutiérrez-Cardona



Preguntas, con tus ojos puestos en los míos, ¿qué es la vida? y me escapo soltándote un poema.

Vida por definición es la fuerza o actividad interna substancial, mediante la que obra el ser que la posee; se dice también que es la unión del cuerpo y el alma y, según me gusta más, el espacio de tiempo que transcurre desde el nacimiento hasta la muerte. No paremos muchas bolas a las definiciones. Son palabras que definen otras.

La vida, caldo informe de insatisfacción, es en cuanto potencia algo innecesario y prescindible. Nos arrojan a este mundo -valle de lágrimas en que no tenemos nada que hacer- por una razón y con una justificación. La razón es el llamado de la especie: creced y multiplicaos, como las cucarachas. La justificación es el amor. Groucho Marx dijo: “¿porqué le dicen amor si es sexo?”. Eso, llamado amor, deviene por presión social, uso o conveniencia, en matrimonio, por lo que Bernard Shaw anotó: "Cuando dos personas están bajo la influencia de la más violenta, la más insana, la más ilusoria y la más fugaz de las pasiones, se les pide que juren que permanecerán continuamente en esa condición excitada, anormal y agotadora, hasta que la muerte los separe".

Estaba, creo, bastante mejor en donde estaba, si es que estaba.

Mas una vez que estamos la cosa es distinta. La vida adquiere valor porque existe. Suficiente es que nos traigan sin permiso, como para que, además, nos despache sin más cualquier sicario, cualquier Torquemada. Cualquier Savonarola.

Estamos aquí o eso creemos. Vivimos. Pienso, luego existo como que es la cosa. ¿En realidad pensamos? ¿En realidad existimos?. Nos dicen que las estrellas —que vemos poco porque las miramos poco de tanto vernos a nosotros mismos para complacernos y a los demás para envidiarlos— nos están entregando una imagen de hace millones de años luz, y que lo que queda de ellas ahora tal vez sea nada mas que un agujero negro. ¿No seremos acaso la luz en el firmamento de quien desde allá mira, con el mismo conocimiento, o su agujero remanente?.

Pensándolo bien, la humanidad si que es un agujero negro, sin duda.

Dice ese libro que te presté y no me has devuelto -serás un buen lector- lo que resultó de una encuesta en que se averiguó “usted, cuando piensa, ¿en qué piensa?”. Casi el cien por cien respondió: “en nada”. Si se puede pensar en nada es que el pensamiento no existe, o que la nada es algo, por lo que ya no sería nada. Cosa de palabras.

Si puede ser que no estamos y se puede pensar en nada, que es tanto como no pensar… mejor hacer mutis por el foro y seguir tan orondos, que Aristóteles resolvió que una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo.

Creo que la mitad de la gente está haciendo más gente, y que de la otra mitad una tercera parte está comiendo, otra trabajando –si tiene en que-, y la otra durmiendo, que no dormida, aunque quizás si, después de haber hecho más gente, o de haber comido o trabajado. Queda la fracción en que caben los que no están haciendo nada y los que de verdad están haciendo algo y estos son los indispensables.

La vida tiene el valor que unos pocos hacen que tenga: los que consiguen que nos emocionemos frente a un cuadro o una estatua, o con un libro, o escuchando música milenaria.

Ahí caben los que ni sabemos, los que concibieron las estatuas aladas de las orillas del Eufrates y del Tigris y las pirámides. Buda, Zoroastro, Confucio, Jesús. Mahoma no sé por que resulta políticamente incorrecto. Con seguridad sí Sócrates y quienes le precedieron. Heráclito de Efeso, en este lado y Lao Tse, en el de allá. Platón, Aristóteles, y el loco –no tanto- de Diógenes de Sinope que cuando lo echaron de su ciudad dijo: ustedes me condenan a irme, pues yo los condeno a ustedes a quedarse; de ahí, en un salto por la oscuridad, Espinosa, Descartes, Kant y Hobbes y Hume que lo contradice, y todos quienes encarnan el amor por la sabiduría. Amor este sí, que es lo que nos ha traído hasta acá y nos llevará allá, donde sea que “allá” quede o sea.

Como ellos, los que se imaginaron desde el punto hasta la cuántica, quienes anduvieron desde Grecia hasta la India. Adriano, Marco Aurelio, Newton y Einstein, y esos como el que se trepó en un techo a pintar frescos, mientras el otro, rico, ambicioso y poderoso, le vociferaba desde abajo. Pues el uno está bajo tierra y el otro sigue en el cielo. Claro, Mozart y Ludwig, ese divino sordo. Concédeme a soto voce y sin contarle a nadie: Miles Davis, a veces.

No cuentan los fanáticos de todas las pelambres ni los salvadores que no nos legan ni la tierra ni el cielo sino el miedo; considera, por molestar, a ‘san’ Agustín en ese único y lúcido instante en que oró: “Señor, hazme casto, pero todavía no”, a Tomás de Aquino por que amaba la comida por sobre todas las cosas y a Francisco, el de Asís, que quería poco y lo poco que quería lo quería poco. Descarta a los “yes man” y a los mezquinos que siempre se guardan algo. Eso si: corres el riesgo de que al descartarlos mucho te quedes solo.

El resto: la nada.

Inherente a la vida es la felicidad. Ese es su objeto, como el de los negocios es el dinero. De modo que vida y felicidad. Como cuerpo y alma: un todo que funciona por la energía y gracias a las reacciones de la químicas, y que se acaba cuando la una o las otras se desgastan o fallan. Eso es todo. ¿No me crees?. Un día un doctor te mandará prozac y pensarás distinto ¡qué horror!.

La felicidad amigo mío –no lo supe antes de que el daño estuviera hecho- no está en ninguna parte fuera de uno mismo. Nadie enseña eso por estos lados. No existe la cátedra de Felicidad aunque habría mucha gente apta para ejercerla por aquello de que el que no puede hacer enseña.

Hay que estudiar mucho para ser feliz, manejarse bien y llenarse de apegos para ser feliz, trabajar para ser feliz, encontrar una pareja, casarse y llenarse de muchachitos para ser feliz -que sin eso, dicen, no lo serás completamente-; otros, menos cuerdos según se cree, toman trago o se llenan de drogas en el intento y algunos perecen por ello.

Con tanto conocimiento adquirido, más el que naturalmente nos lega la herencia genética; con tanto trabajo encima, con tanto adeudo y compromiso, y en fin, enfermos de agobio vital y por lo que hemos tomado o inhalado para que la química y la energía no respondan de tanto abuso, resulta que la única manera de ser feliz es muriéndose. Solo que de nada sirve un muerto contento, ni aburrido por cierto: un muerto es eso, un muerto. Lo que cierra el círculo, y la vida.

En la brutal mayoría de los casos y salvo quienes caben en la fracción de los que trascienden más que por el ejercicio de sus pudendas partes y nos procuran alguna dicha sin que ellos la tengan mayormente, los demás, digo, ni son felices ni comen perdices. Y como no lo fueron, no vivieron. Lo que no importa porque, como vimos, es probable que ni estemos ni pensemos. Por lo cual tenemos el consuelo de creer que más allá si estaremos encantados y por lo tanto viviremos para siempre cada uno con su pequeña arpa... “no perdemos nada con creer en ello y sufrimos menos”.

Querido Carlos Iván: No creas que tomé una clase de tetrapiloctomía con Eco, aunque casi. Llegamos a lo que intuimos en un comienzo. Aquella autora que te recomiendo, Marguerite Yourcenar, dice que a todos nos llega ese momento en que entendemos que la vida es una derrota aceptada. Al entenderlo, aprendemos también que cuando un sobrino de 15 años pregunta ¿qué es la vida?” lo mejor es soltarle el trozo de un poema.

*

No hay comentarios.: