Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




febrero 27, 2007

¡La Patria en exilio!.

Gonzalo Arango

Avidas aves de rapiña oscurecieron el cielo de mi juventud.
El aire era una mezcla repugnante de incienso y pólvora: el humo del Poder.
Los genocidas cantaban alabanzas a los dioses crueles, borrachos de odio y aguardiente.
Todos los caminos amenazados de sombras cobardes, llevaban a la muerte.
Los arados murieron de infertilidad, los campesinos de asesinato, Dios de vergüenza.
La noche enrojeció del fuego de la venganza.
El cielo, un enorme cráter sin estrellas ni ángeles.
La tierra se llenó de locura, soledad y lamento.
La patria dividida en víctimas y verdugos abdicó su destino y se precipitó en el infierno.
Atila cabalgaba en el lomo de los Andes y los Llanos con un revólver a diestra y un Cristo en banderola. Lucía el uniforme de los mercenarios y era socio de los que bendicen el crimen.
Sembró de cruces los campos de arroz, pero primero arruinó la cosecha de espigas.
Desbordó los rios de sangre, los mares de lágrimas, pero antes secó las fuentes de la vida y de toda esperanza.
El sol huyó a su paso, mensajero de fatalidad.
Decapitó el águila del escudo soberano y en su lugar instaló un cuervo horrendo, tenebroso, símbolo del poder que alimentaba sus abismales delirios.
Ahogó la amistad con el escapulario del fanatismo.
En su epopeya de iniquidades ostentaba una bandera política y otra religiosa que no representaba la dignidad de la Patria de los mandamientos de Cristo: trapos piratas, sucios de sectarismo.
Los colores falsificados: amarillo, el color de la abyección. Azul, la bastarde complicidad del cielo. Rojo, la llamarada crujiente del infierno.
¡La Patria en exilio!.
El poder sin moral es ciego y enemigo del espiritu.
A falta de razones inventa la violencia para justificar su locura y regir a los hombres como leyes de muerte.
Entonces el crimen sustituye a la justicia para salvar el principio de autoridad y restablecer el orden con la paz de los sepulcros.
No fue fácil empresa para los virtuosos del genocidio, pero hicieron lo posible y también lo increíble.
Por desgracia, los únicos testigos que sobrevivieron al drama, fueron los verdugos. Más, en homenaje a las víctimas, nunca olvidaremos.

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