Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




mayo 27, 2007

Wang-Fo


Luis Fernando Gutiérrez-Cardona


El café solitario se acompaña con voces compasivas.

Avanzo calle abajo mientras la radio deja deslizar el cuarteto número uno en fa mayor de Beethoven. Menos denso que sus últimos, conmueven esos silencios que también lo integran.

Pongo atención: el programa se llama Arte, Prosa y Sonido. Anuncian que con la música se escuchará la lectura de Cómo se salvó Wang-Fo. Sonrío: este cuento con sus diez mil colores me persigue por meses -¿serán meses? ¿por qué parecen días?-. Trato de encontrar en alguna parte el color de una naranja que empieza a pudrirse que descubriera Ling al darse cuenta de que las paredes de su casa no eran rojas. Y viene a la memoria esa frase que recuerda que ha llegado la época en que la noche sirve solo para dormir.

Siento hambre mas no tengo ganas de comer. Tomo este cuaderno de notas que como el papel o la seda de Wang-Fo se ofrece a los colores. La música y la lectura corren. Me acomodo: como el emperador tengo a la derecha el ministro de los placeres perfectos y a la izquierda el de los justos tormentos. Algo se estruja: mi mascota me mira sorprendida con esos ojos que dicen comprendo pero asustas.

Escucho la voz baja del emperador: "¿Me preguntas que me has hecho, viejo Wang-Fo?".

Música, cuento y mente en un crescendo de brillo y de opacidad. El espíritu adolorido por amistades idas o dejadas ir. Tú lejos. Voces y murmullos que llaman desde el más allá. Todo será crisis, enfermedad y destrucción. El oráculo del profeta Daniel con su runa lo dijo anoche en sueños de soñar despierto.

¿Vendrás por mí antes de que pase? ¿Podrías hacerme un espacio en tu barca maravilloso Ling?.

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