Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




marzo 14, 2008

Mamá



Luis Fernando Gutiérrez-Cardona

Bienaventurados los limpios de corazón
porque ellos verán a Dios.



“¡Todo era amor... amor!
No había nada más que amor.
En todas partes se encontraba amor.
No se podía hablar más que de amor.
Amor pasado por agua, a la vainilla,
amor al portador, amor a plazos.
Amor analizable, analizado.
Amor ultramarino.
Amor ecuestre.
Amor de cartón piedra, amor con leche...
Amor con una gran M, con una M mayúscula,
chorreado de merengue,
cubierto de flores blancas...
Amor con sus accesorios, con sus repuestos;
con sus faltas de puntualidad, de ortografía;
con sus interrupciones cardíacas y telefónicas.
Amor impostergable y amor impuesto.
Amor incandescente y amor incauto.
Amor indeformable. Amor desnudo.
Amor amor que es, simplemente, amor.
Amor y amor... ¡y nada más que amor!”



Amor, Mamá, Amor siempre y por siempre.

No es la muerte ni la vida, caras de la misma moneda. 

Ni son los recuerdos ni las nostalgias.

Mamá es. De la misma manera que un relámpago es aunque su duración no vaya más allá que una fracción de alguna fracción del tiempo. Es, por el hecho de ser.

No se ha visto aún el apagarse de una estrella. Dicen que se apagan, pero el hombre en los 50 mil años que tiene sobre la tierra no ha visto extinguirse ninguna. Mamá es una estrella que está ahí. Afuera si y también en cada uno de nosotros. En cada uno de quienes integramos esta mínima tribu de la que fue origen, sustento, soporte y guía. En cada uno de esta tribu humana que es una con el universo.

Lloramos Mamá, pero dejándote ir como va el río al mar sin desaparecer por ello.

En la forma de luz que eres, sonríenos y ayúdanos desde el lado de Dios que atendió tus palabras de no quererte morir aún, solo por los cinco días que Él necesitaba para tenerte todo listo.

Eres ahora y siempre, en el abrazo de cada hermano y, en ese recorrido denso que cada vez estruja más el alma, en el que damos y recibimos del menor de tus nietos o del más pequeño de tus biznietos.

Eres, Mamá, ahora y siempre el aire que va y viene, que abraza con solo moverse para darse cuenta, flor que entrega belleza y aromas. Tierra que nos contiene en su totalidad al abandonar la vasija que da forma al agua que somos.

Te amamos Mamá. Nos abrazamos desde el corazón como enseñan los upanishads. Sin reticencias y sin definiciones. Sin urgencias. Inaparentes. Desde el corazón: el lugar donde anida la consciencia. Abrazo desde ese lugar, creación tuya, hogar tuyo, tibieza tuya. Amor tuyo que es el corazón de todos los que estamos en ti, estando tú en ellos.

Hace poco reunidos aquí celebrábamos tu vida. Hoy reunidos otra vez aquí, también celebramos eso: tu vida.

Abrázanos una vez más Mamá… y una vez más como las últimas palabras que de ti escuchamos, dinos que nos quieres mucho.

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Oliverio Girondo


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1 comentario:

Dave dijo...

Hermoso