Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




marzo 09, 2008

Ofelia

Luis Fernando Gutiérrez-Cardona



Regresó de pronto de las nieblas del pasado; de los campos en donde cada tarde de sábado, en donde tantos domingos, siendo niño, me prestó un rincón de su hermosa casa para que viera, solitario, la televisión.

Hundido en el dolor, la cabeza no conseguía levantarse de las rodillas de las que la separaba las manos que abiertas intentaban contener las lágrimas o contenerse en ellas.

Una mano se puso sobre la espalda. No miré de quien era. Apenas con un movimiento de los dedos llevó mi cabeza a su regazo y dejó que llorara en él.

Fue como si mi madre, unos pasos más allá cubierta de flores, metiéndose en su cuerpo, hubiera venido a consolarme a través suyo. Juraría que lloraba en su pecho y que las manos que acariciaban mis cabellos eran las suyas.

No era mi madre, era Ofelia con sus hermosos ojos claros, su sonrisa, y esa mano que, firme, mantuvo la mía hasta cuando sintió que no era necesario hacerlo más.

Los ángeles, me digo, no están en ninguna parte distinta del regazo de una amiga que vuelve, cuando tiene que hacerlo, de la lejana neblina por donde la niñez anduvo.

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