Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




mayo 21, 2008

Psicofonías

Luis Fernando Gutiérrez-Cardona




















Nada de psicofonías. Ya no escuchamos ni la voz de la conciencia. Solo oímos voces que dicen money, money, money. En otros tiempos sí, porque, atérrense, a este pecho le tocó vivir la época de la oscuridad, es decir aquella en que la luz eléctrica no existía en algún pueblo perdido de las montañas o en esos campos en que la familia de mi madre tenía una finca. En esos tiempos, papá empezaba a contar en las noches de luna nueva cuentos de brujas, de apariciones, de espantos, de entierros y de guacas en las que reposaban los restos de nuestros antepasados los indios, única nobleza que, aseguraba de paso, podríamos exhibir. Y a medida que las horas avanzaban, las hogueras se extinguían y el último destello de luz de las velas se iba, ahogada en el poco de parafina que aún quedaba, empezábamos a oír los ruidos de almas en pena, sus voces y sus lamentos abajo en la pieza de los aperos. En ese pueblo, los días aquellos de difuntos, últimos de octubre y primeros de noviembre, salían el mohan y el hojarasquín del monte, la pata sola paseaba por la calle real y el hombre sin cabeza por la cuadra de arriba. La madremonte hacía desbordar las quebradas, los muertos abandonaban sus tumbas y se sentaban a fumar cachimba en la plaza y a acordarse de cuando estaban vivos. Las calles oscuras y solas después de las siete, se volvían más solas y más oscuras. Y el cura del pueblo enfundado en su negra sotana las recorría todas a la media noche diciendo a voz en cuello: "¡Un padre nuestro y un avemaría por las ánimas del purgatooooooorio..!". Al otro día su clientela se aumentaba y hacía recolecta de pecados y billetes.

Uno se sentía morir del pánico.

Ya no hay diablo ni infierno. El limbo acaba de declararse extinguido y el purgatorio está en cuarentena. Ya no se abre la tierra para tragarse los malos hijos que pegaban a sus madres. Las brujas no vuelan en sus escobas (me consta porque las de mi casa usan autos), las ánimas no salen porque la contaminación las espanta y las deja en evidencia al ensuciar sus blancas sábanas. La parca viaja en F-14 supersónico y se transmuta en fósforo blanco, en uranio empobrecido. En los cementerios se pone un aviso de "se arriendan bóvedas para vivos" porque sus usuarios los muertos de antaño ahora son convertidos en ceniza con un chorro de fuego que esfuma sus oropeles, sus orgullos, sus tristezas, sus desvelos, sus tragedias y sus enfermedades bajo mil grados centígrados.

La psicofonía que queda es la que las próximas generaciones escucharán al oír los lamentos de la tierra que nos prestaron y ellas recibirán en ruinas.



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1 comentario:

Santo dijo...

Que buena prosa, me ubico en tiempos ha. Un abrazo