Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




junio 07, 2008

A cambio de nada...


Luis Fernando Gutiérrez-Cardona

¡mirá!
¿qué?
nada.



En un estado de los Estados Unidos debaten establecer que los presos mediante la donación de sus órganos consigan disminuir sus condenas, aunque aumenten, con ello, sus penas. Como que alguien preguntó: ¿Que falta hace que un convicto tenga dos cosas de esas?

Supongo: un pedazo de piel, diez días; un riñón, ¿un mes? (es que sabes: es un riñón de preso); una hígado, depende. Un ojo, para lo que hay que ver, dos horas... un oído que distinga a Mozart diez días, si solo ha escuchado rap, algún minuto.

No sé como será la tabla. Ellos, los que resuelven, son tan prácticos...

Asumo sí, que donar el corazón liberará del todo.

La civilización avanza. ¿Por qué lo que puede el preso no lo puede el que se cree libre? Con tanta pobreza los corazones del tercer mundo serán baratos. Cálidos, pero baratos. El corazón de un sueco será diferente: costoso y frío.

Cotizarán estos commodities en la bolsa. Se generará un mercado de futuros. Corazones de blanco, de negro, de indio, con grasita o sin ella, corazones light, corazones de diez años, corazones de treinta y de cincuenta: precio del día a tanto el gramo, a tanto menos el x por ciento. Órganos para entrega inmediata o a 180 días.

Vendrán las guerras por tejidos y bombas inteligentes matarán pero sin dañar los cuerpos. Dejarán los muertos al mismo tiempo cubiertos por sustancias preservantes y refrigerados. Que no se pierda nada. ¡Qué locura!


No venderé mi corazón.
¿O sí?
págame mi corazón
y déjame gozarlo hasta mañana.

Lo venderé por nada, a cambio de un poema,
a cambio de un orgasmo de ojos,
a cambio de un te quiero.
O se lo doy a mis hermanos, a cualquiera de ellos,
a cambio de un chiste flojo,
a cambio de una metida de pata
a cambio de un aguardiente envuelto en risas
de un abrazo de tarde de domingo.

Pero, de poder, lo entregaría a quien lo armó.
Se lo devolvería.

¿Por qué no se trasplantan las sonrisas, siendo gratis?

Tengo miedo de que el miedo también pueda venderse. ¡Qué digo
!

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