Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




junio 08, 2009

Notas de Aire

Imagen Miguel Ruibal



Luis Fernando Gutiérrez-Cardona

Vayan pasando
no se entretengan
(Mamá)




Anoche habló con el alma. Suele ocurrir que cuando se habla con el alma, el alma no logre expresarse porque se atropella de sentimientos que pueden a las palabras que intentan salir, que intentan decir algo y que no pueden hacerlo. Se hizo entender mejor que si el discurso hubiese fluido. Fue muy bello que las palabras se transformaran en emoción y que la emoción se apoderara de quienes las seguíamos, mientras reclamaba su aparente incapacidad de decirlas. ¡Es posible hacer saltar los corazones!

Recordé, cuando terminó, dos frases vistas en el día. Los hombres, dice una, nos paramos en la orilla de un gran río y empezamos a pedirle a la otra, a exigirle, que llegue hasta donde estamos, para pasar a ella con solo un paso. O mejor sin él: que nos lleve el viento.

No hay naturaleza humana, dice la otra, sino naturalezas humanas. Cada individuo es un universo en sí mismo y no se puede generalizar.

Al escuchar lo que decía ese corazón que apenas si se estrena, medito en lo maravilloso que resulta que nos sintamos parte de nosotros mismos. Siembra de padre y madre. Que no veamos mayores ni pequeños, aunque haya quienes intentan sostenerse en pié y dar sus primeros pasos, y quienes sostenerse en pié y dar sus últimos. Que sigamos siendo parte de eso que somos, y nos encontremos así, a gusto y por propia voluntad. Que nos tiremos los unos sobre los otros en el piso a tomarnos una foto y que podamos levantarnos a bailar al son de una chirimia, mientras uno de los más pequeños intenta llevar el ritmo con sus palmas de muñeca. Si.

El libro narra una historia:

"Resulta que Epicuro tenía un jardín cerca de Atenas. También él era un hombre muy singular, como Chuang Tzu. No creía en Dios, ni en nada, porque creer es un desatino. Solo los tontos creen. Un hombre de entendimiento tiene fe, no creencias. La fe es diferente. Fe significa confiar en la vida, confiar de manera tan absoluta que se está dispuesto a ir con ella, a cualquier parte.

Epicuro tenía un pequeño jardín donde vivía con sus discípulos. La gente lo consideraba un ateo, un inmoral. No creía en Dios, ni en las escrituras, ni en ningún templo; era ateo, aunque no tenía nada, aunque eran todos muy pobres. El rey oyó hablar de ellos y quiso ver cómo vivían, y cómo podían ser felices sin creencias. Si uno no puede ser feliz ni siquiera creyendo en Dios, ¿cómo es posible que esa gente sea feliz sin Dios?

Así que una noche fue a visitar el jardín de Epicuro. Lo que vio le sorprendió, le asombró; se trataba de un milagro. No tenían de nada, casi nada, pero vivían como emperadores. Como dioses. Toda su vida era una celebración.

Cuando iban al torrente para tomar su baño, no se trataba simplemente de un baño; era una danza con el río, era sintonizar con el río. Cantaban y bailaban, nadaban y saltaban y se sumergían en sus aguas. Sus comidas eran celebraciones, fiestas, y eso que no tenían nada, solo pan y sal, ni siquiera mantequilla. Pero estaban tan agradecidos que ser les era suficiente; no era necesario nada más.

El emperador se sintió muy impresionado, y le preguntó a Epicuro:

-La próxima vez que venga por aquí me gustaría traer algunos regalos. ¿Qué te gustaría?

-Dadnos tiempo para pensar. Nunca creímos que nadie podría regalarnos nada, y ya contamos con tantos presentes de la naturaleza… Pero si insistís, entonces traed un poco de mantequilla; nada más. Eso bastará –respondió Epicuro.

La vida puede convertirse en una celebración si sabes vivir sin preocupaciones. De otra forma, la vida se convierte en una larga y prolongada enfermedad, en una dolencia que solo culmina en la muerte." (*)


* Osho - Cuando el calzado es cómodo... te olvidas del pie.


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