Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




septiembre 18, 2009

Respuesta a una carta no mostrada



Luis Fernando Gutiérrez-Cardona


Mencionas a Ratatôsk. La ardilla mensajera. Mitología nórdica que no tengo bien aprehendida. Mitología de la que me atrae el Lobo Fenrir a quien solo pudieron atar, mediante garantía, porque se dejó y con un cuerda hecha de extraños componente.

Fenrir que cambió su destino por el brazo sanguinolento de un dios interesado, como toca a los humanos rendir la libertad al destino convencidos de que hay garantía, de que abren un camino, de que el destino es suyo. Le llaman crecer, ir adelante, cuando por lo mismo que es destino abraza con un abrazo del que es imposible liberarse.

¿Por qué no hay Dioses que no sean interesados? ¿Por qué ninguno llega montado en una nube, en una zarza ardiente, en un camello, en lo que quiera y decreta la felicidad por siempre? No la vida eterna ni la salvación, que eso para qué. La felicidad, mientras se esté vivo. Y la vida, mientras la vida sea.

Fenrir que no estaba atado por el destino, se le entregó. Confió en la imposibilidad de que lo ataran y no creyó que Thyr pusiera el brazo entre sus fauces a sabiendas de que lo perdería. ¿Qué puede importar a un dios ser manco?.

¿No es hora ya del Ragnarök? ¿De que el fuego y el agua invadan todo? ¿De irnos montados en dos palabras. En un te quiero concluyente y fatal?

Atados al destino nos gusta creer que no. Hemos de creer que no. La cuerda apreta más cuando se lucha más. Y subimos al Gólgota una vez y otra vez y otra vez para ser suicidas de nosotros mismos, para podernos escapar por ratos. Suicidas en específico también de otros para asegurarnos la sobrevivencia o para justificarla mientras el destino cede por fín su baza final a la dama desdentada, a la señora pálida, a la separadora.

Alguna vez se vale, dices, de alguien que espera con una pistola. Es porque nos gusta la víctima, el victimario y la herramienta con que se le causa la muerte. Hay iglesias en todos los rincones que lo muestran.

Pero se me atraviesa —no más por aceptarme vivo— uno de esos antiguos poemas japoneses que alguien me enseñó dónde encontrar:

Admirable
aquel que ante el relámpago
no dice: la vida huye.

¡Salud a los seres sintientes. A aquellos que hacen que lea diez veces sus palabras para que los ojos las trituren, las deshagan, las procesen, las disuelvan y las conviertan en aire. En aliento. En vida!


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(1) Basho
*

1 comentario:

Anónimo dijo...

:) en aliento...en vida! :):)!!!!