Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




diciembre 11, 2009

Discurso de Obama por el Nobel de Paz

Hiroshima

Luis Fernando Gutiérrez-Cardona


La lectura del discurso de Barack Obama al recibir el Nobel de Paz, deja sentimientos extraños. Se expresa como el presidente de los Estados Unidos pareciendo incluso quererse hacer perdonar su imágen frente a una opinión pública que se le torna adversa en su país y que no acepta que le hayan concedido el premio. Justifica la guerra diciendo casi de entrada: "La guerra, de una forma u otra, surgió con el primer hombre. En los albores de la historia, no se cuestionaba su moralidad; simplemente era un hecho, como la sequía o la enfermedad, la manera en que las tribus y luego las civilizaciones buscaban el poder y resolvían sus discrepancias." E ilustra de diversas maneras este punto a lo largo de su exposición.

Extracto algunos apartes adicionales:

"Pero la guerra en sí misma no es gloriosa y nunca debemos exaltarla como si lo fuera. Así que parte de nuestro desafío es reconciliar estas dos verdades aparentemente irreconciliables: que la guerra algunas veces es necesaria y que la guerra en cierto modo es la expresión de sentimientos humanos.

Para comenzar, creo que todas las naciones -las fuerte y las débiles- deben adherir a las normas que gobiernan el uso de la fuerza. Como cualquier otro jefe de estado, me reservo el derecho de actuar unilateralmente si es necesario para defender a mi nación. Sin embargo, estoy convencido de que adherir a tales estàndares fortalece a quienes lo hacen y aislas y debilitan a quienes no.

Cuando la fuerza es necesaria, tenemos un interés moral y estratégico en obligarnos a cumplir con ciertas normas de conducta. Incluso cuando enfrentamos crueles adversarios que no cumplen con ninguna regla, creo que Estados Unidos de Norteamérica debe seguir dando el ejemplo respecto a estándares en conducta de guerra. Eso es lo que nos diferencia de quienes combatimos. Ésa es la fuente de nuestra fuerza. Es por eso que prohibí la tortura. Es por eso que ordené que se clausure la prisión en la Bahía de Guantánamo. Y es por eso que he reiterado el compromiso de Estados Unidos de cumplir con el Tratado de Ginebra. Perdemos nuestra identidad cuando no cumplimos los ideales mismos que estamos luchando por defender.Y honramos – honramos dichos ideales al cumplir con ellos no sólo cuando es fácil, sino cuando es difícil.

... Pues la paz no es simplemente la ausencia de un conflicto visible. Solamente una paz justa y basada en los derechos inherentes y la dignidad de todas las personas realmente puede ser perdurable.

Fue este entendimiento lo que motivó a quienes redactaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos después de la Segunda Guerra Mundial. Tras la devastación, reconocieron que si no se protegen los derechos humanos, la paz es una promesa vana.

... En tercer lugar, una paz justa incluye no sólo derechos civiles y políticos, sino que debe abarcar la seguridad económica y las oportunidades, pues la paz verdadera no es solamente la falta de temor, sino también la falta de privaciones.

No hay duda de que el desarrollo rara vez echa raíces sin seguridad; también es cierto que la seguridad no existe cuando los seres humanos no tienen acceso a suficiente alimento, el agua potable o los medicamentos que necesitan para sobrevivir. No existe cuando los niños no pueden aspirar a una buena educación o un empleo decente que mantenga a una familia. La falta de esperanza puede corromper a una sociedad desde su interior.

Y es por eso que ayudar a los agricultores a alimentar a su propia gente, o a los países a educar a sus niños y a cuidar a los enfermos no es simplemente caridad. También es el motivo por el cual el mundo debe unirse para hacerle frente al cambio climático. Hay pocos científicos que no estén de acuerdo en que si no hacemos algo, enfrentaremos más sequías, hambruna y desplazamientos masivos que alimentarán más conflictos durante décadas. Por este motivo, no son sólo los científicos y activistas los que proponen medidas prontas y enérgicas; también lo hacen los líderes militares de mi país y otros que comprenden que nuestra seguridad común está en juego.

Acuerdos entre naciones. Instituciones sólidas. Apoyo a los derechos humanos. Inversiones en desarrollo.Todos éstos son ingredientes vitales para propiciar la evolución de la cual habló el Presidente Kennedy. Sin embargo, no creo que tendremos la voluntad, la determinación o la resistencia para concluir esta labor sin algo más: esto es, la expansión continua de nuestra imaginación moral; una insistencia en que hay algo intrínseco que todos compartimos.

Al reducirse el mundo, uno pensaría que iba a ser más fácil que los seres humanos reconozcamos lo similares que somos; que comprendamos que todos nosotros queremos básicamente lo mismo; que todos anhelamos la oportunidad de vivir con cierto grado de felicidad y satisfacción para nosotros y nuestra familia.

Pero no tenemos que pensar que la naturaleza humana es perfecta para continuar creyendo que se puede perfeccionar la condición humana. No tenemos que vivir en un mundo idealizado para seguir aspirando a los ideales que lo harían un lugar mejor..."

No es fácil tragarse este discurso irrespetuoso, desesperante, desesperanzado y desesperanzador. Lleva un poco menos de un año en la presidencia a la que llegó a lomos de un supuesto cambio. Ordenó terminar con la tortura y con la cárcel de Guantánamo pero la cárcel sigue alli y lo que pasa adentro no se sabe. Ese aire de cambio parece ser lo que justificó que le otorgaran este Nobel. Pero cada vez sus maneras se van pareciendo más a las sempiternas maneras del poder y del imperio. En éste discurso pareciera que habla más de guerra, que de paz.

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