Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




abril 04, 2010

Mañana de Pascua




Luis Fernando Gutiérrez-Cardona

Las mañanas de domingo de pascua solian ser extrañas... Salíamos del club al amanecer después del baile de pascua. La orquesta iniciaba una vez pasada La Soledad acompañada de medio pueblo de rostros serios y música lastimera. Era la sublimación de la Vírgen y de su tristeza. En el club guardábamos puesto para que media hora después gozaran, los que ahora pretendían llorar allá en la calle.

La procesión con el resucitado era temprano y no tenía muchos asistentes. Hacían con la estatua ligera de ropas, que era completa no como las otras que solo eran cabeza, pies y manos, un recorrido rápido y la vida continuaba su normalidad. 

Casi no logro entender el porqué de este Jesús glorioso y casi desnudo del que mi padre se burlaba con los ojos. Con los amigos apurábamos las costeñitas que suavizaban la borrachera del que ya era el día después en los cafés que abrían temprano para vender tinto a los madrugadores. Hasta conseguíamos que dos Carlos Hoyos nos prendiera el piano. Los campesinos empezaban a marcharse a sus veredas, los visitantes a desocupar el pueblo.

Camino de casa, me encontraba con papá que me miraba feo y rezongaba "¡qué bonito! ¡qué son estas horas!" Seguía de largo y yo también. Al llegar  mamá recordaba que era pascua florida y que el mandamiento de la iglesia era comulgar por obligación. "No hagan sino creer que no tienen que rezar", alegaba.

Era la vida cuando la vida era más que la antesala de la muerte.

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