Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




mayo 12, 2010

La mesa del lado

Foto: Nasa


Lo que escucho en la mesa del lado suscita en mí algunas reflexiones.

Lenta pero irremediablemente
Adopto los vicios
De mi difunto padre
(Santoka)

Las estatuas, asegura Fernando Vallejo, son esas cosas en que se cagan las palomas. No, no se cometen errores en levantar pedestales porque esos pedestales son los cimientos del sí mismo. Y no vale la pena tirar piedras sobre el propio tejado. Mi padre no fué dogmático ni fanático. Llevaba en paz su cristianismo y siempre tenia un apunte, que expresaba muy serio, para un rosario o para una de esas oraciones que rezan las mamás. Se moría de la risa hablando de los pies del divino rostro, de las once mil vírgenes y de las mil y una heridas de Jesús en la cabeza, las cuales no tenía inconveniente de poner en duda. Jugueteaba con esas cosas. No nos obligó a ir a una misa y sus libros eran bastante abiertos en esos temas. Creía, más que en Dios, en el temor de Dios. El día que tuve un enfrentamiento de esos de muchacho con un cura del colegio por algo que puse en el periódico mural del cual era autor y único redactor, la respuesta de papá, que era presidente de la junta de padres de familia, fue decir en una reunión formal con todos en el fondo: "!Que bueno es, como decía el lusitano, llegar al puerto con las velas untadas de tempestad". Aprecié y aprecio ese respaldo con la conciencia de que pocos lo notaron.

Me gusta explorar y he intentado hacerlo diversas formas de mirar las cosas. Eso nos dota de la capacidad de ser tolerantes, de ver al otro por usar un término budista, compasivamente. El ser humano es un ser que juzga, pero la propuesta es la de convertirse en uno que es testigo: que mira el día al levantarse, pero no hace comentarios del tipo "que frio va a hacer hoy" porque bien puede pasar que la circunstancia cambien en un rato y la ropa que se puso termine siendo inadecuada para el calor en que se transformó. Luego se protesta por haberse puesto esto y no aquello y se le echa la culpa a la naturaleza, como si a ella le importara.

No hay que aplicar criterios demasiado rigurosos para ver al otro. Todo cambia. Somos producto de nuestras épocas y circunstancias, y humanos, demasiado humanos. Hay quienes han tenido la oportunidad de ver el mundo como el uni-verso que es. Otros, aunque recorran distancias, solo avanzan la vista hasta la montaña más cercana sin traspasarla. Y hay esos que no ven más allá de sus narices. Pero cuando ajustamos nuestra visión a la de ellos, estamos mirando como lo hacen ellos.

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