Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




mayo 20, 2010

Notas de Aire


Luis Fernando Gutiérrez-Cardona

Hablaba con alguien. Ha terminado de estudiar, debe preparar su trabajo de grado pero no encuentra la chispa que encienda el cohete de sus neuronas. Tiene un conflicto familiar. Se plantea dejar su casa. Se irá a vivir a un cuarto de estudiante. No está triste. Está asustado. Le pido que repase los hechos, los detonantes. Que revise si ha pasado el tiempo suficiente para no obrar en medio del calor del instante. Saldrá con su ropa, sus cobijas, su computador, sus libros y se enfrentará a la vida. Con un grado por obtener y la pequeña ayuda de un pariente. Dale le digo, pero intenta no considerar volver. Y que no se vayan contigo ni se queden con ellos el afecto ni el calor de los tuyos.


Me quedo pensando que el mundo ahí fuera es muy hostil.
Que lo es cada vez más.
Y que el hartazgo de vivir llega muy rápido.


§


Desperté de golpe a las tres de la mañana. No sucede con frecuencia. Duermo bien aunque con el deseo profundo de que ésta sea la última noche y el último de los sueños. Con la esperanza de que no despertaré otra vez. Tomo el ipod de la mesa de noche y lo pongo en aleatorio. Suena Serrat:

Tenía un cielo azul y un jardín de adoquines y una historia a quemar temblándome en la piel. Era un bello jinete  sobre mi patinete, burlando cada esquina como una golondrina, sin nada que olvidar porque ayer aprendí a volar, perdiendo el tiempo de cara al mar.
Y ¿dónde, dónde fue mi niñez?


§


Salgo y camino una cuadra. Me compro un café fuerte. Voy a una mesa por entre esos calentadores de gas. Me siento. Justo al frente veo a alguien que se cruzó en el camino por la vía que describe Cavafis en alguno de sus poemas. Me reconoce. Ya le he reconocido. No saluda. No le saludo. Apenas me mira. Detrás de la factura escribo:



Una cerveza
y una larga conversación hace unos años.
Está ahí en la mesa del lado.
Recuerdo cada instante.
Me ve.
Se entera.
Se marcha.
Vuelve el rostro con una media sonrisa
-desprecio o complicidad ¿qué importa?
Lo vivimos.
Otra vez.


§


Abro este aparato y leo su mensaje. Los renglones anteriores, sin pulir, y los suyos, me llevan a mis notas. Lo encuentro. Dice Constantino:


Ahora me engaño al menos con ilusiones, por no sentir vacía mi vida. Estuve tan cerca tantas veces...Cómo me pervertí y cuánta fue mi cobardía; por qué mantuve mis labios cerrados; y dentro de mi lloraba por mi vida vacía y luto vestían mis deseos. Estar tan próximo en tantas ocasiones de esos ojos y labios enamorados, del cuerpo soñado, amado. Estar tan próximo en tantas ocasiones.


§



El otro día colgó un enlace del youtube en que se le ve trabajando. Mira la cámara. No está ahí.


§

Alguien leyó completas esas desolaciones tan extrañas. ¿Qué hay con Felipe Parra? (algunos textos suyos, abusivamente aprovechados, sirven de epígrafe a los míos). Pareció que le había dolido, pero no había nada más que yo pudiera, o quisiera, decir.

No digo que le vea tomar vuelo, porque siempre le he visto volar alto, desde cuando váyase a saber que causalidad llevó a la coincidencia. ¡Es tan fácil que el entorno te eleve, y tan fácil que te haga a un lado!

Hay que mirarse con frecuencia con cierta condescendencia, con cierto espíritu burlón, con cierta cara de diga usted lo que quiera, que yo me creeré la mitad, como máximo.
Sin nada que olvidar, porque ayer aprendí a volar
¿Sabe volar? No creo. Sé que un regalo que le dí con el que podría hacerlo, está en el rincón de las cosas que se olvidan, junto con algunas otras.

Volar que no sea flotar entre el humo del tabaco o entre los brazos de quienes por interés se interesan.


¿La muerte? 
demasiado pronto.
Demasiado pronto
y demasiado fácil.

Anda digo. Gócese la vida. No por lo que los demás dicen que es sino por lo que es. Métete a la fuente de Trevi aunque un policía te ponga preso y ojalá lo haga. Y lanza una moneda por mí, que intento ser buen compañero. 

En Barcelona camina por el parque Güell, cerca de donde un maestro zen vive o vivió de mi y dale a tu hermano lo que quiere.
Crucé por la niñez imitando a mi hermano. Descerrajando el viento y apedreando al sol. Mi madre crió canas pespunteando pijamas, mi padre se hizo viejo sin mirarse al espejo, y mi hermano se fue de casa, por primera vez.
Y ¿dónde, dónde fue mi niñez?



§



Abrazo desde el corazón.
Hay quienes quieren tal cual se es.
Cuéntame entre ellos.


§

El otro día, y otros días, le he visto alejarse con un rictus y una forma de mirar que le asemejan a mi.
No puedo hacer nada.
Decirlo suena pretencioso y estúpido.
Pero me inquieta que sea tan poco feliz como lo he sido.

No se debe alimentar la soledad.


§


La conversación transcurre en clave de despedida.
Se sabe.
El corazón lo sabe.
Hay ese momento en la vida en que es mucho más lo que se va.
Y ya no llega nada.


§

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