Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




junio 04, 2010

La depresión postelecciones



Luis Fernando Gutiérrez-Cardona



Comienza a eso de las cuatro y media de la tarde un dia domingo de cada cuatro años. Es producida por una bacteria, o virus —para los efectos es lo mismo— denominado boletinus registraduriae-3. A veces a éste se le unen otros microorganismos: tendencius estadisticus o periodistacus predisorus predispuestus, primos pero no iguales.

Se manifiesta primeramente por un estado fulminante de mutismo, seguido poco después por la incapacidad de tolerar ruidos provenientes de radios o televisores que son apagados de inmediato.

Frecuentemente los ataques de angustia subsiguientes se traducen en arrojamiento a la basura de elementos propagandísticos, programas impresos, manillas y afiches. Se han documentado casos de pacientes atacados por el deseo incontrolable de arrojar su documento de identidad al sanitario, cosa que muchos consiguen hacer, incluso sueltan el agua, y en algunos casos, menos frecuentes, el de estrangular a alguien que votó por otro. Como la mujer, o el marido, por ejemplo.

Los periódicos que invadían la casa desaparecen como por encanto.

Una semana después el afectado sigue sin querer saber nada de la realidad que le impuso la bacteria arriba mencionada, que alcanza su máximo desarrollo, es decir el 100% de su efectividad, en unas horas si la elección es de presidente. Si es de congresistas, nunca.

Con el paso de los días los deseos de escuchar noticias no regresan y muchos millones invertidos en publicidad se pierden porque quienes están afectados de la depresión, ni escuchan, ni leen, ni quieren saber nada de nada. No compran, apenas comen y respiran con cierta dificultad. La apatía sexual es inherente. Le televisión está apagada porque la humedad ciega las vistas.

A la negación, que se expresa con el grito de "trampa" y "fraude", a la desorganización y el enojo antes descritos, se sigue la culpa puesta inicialmente en cabeza propia, luego en la del candidato, y después en la del otro candidato. El nombre de éste comienza a ser sinónimo de hijo de puta, pero más insultante aún, si cabe.

El alivio lo procura el reconocimiento de que siendo que el que gana es el que goza, por fuerza el estúpido no fue él sino el que pierde y sufre. Por otro lado comprende el afectado por fín que la culpa de la derrota la tuvo necesariamente el otro al ganar, y que por tanto no tuvo nada que ver con ello.

Derivada la responsabilidad, el enfermo se restablece pensando que cuando empiece a meter la pata aquel por el que no votó, podrá sacar pecho para decir "yo se los dije".

En otros tiempos el antidepresivo más usado era el alcohol. Pero se concluyó que no era buen remedio y que más bién causaba efectos indeseables como un montón de muertos y mucho gasto para el estado en cárceles.

Ahora se usa una especie de cura homeopática consistente en arrojar sal a la herida. Dolorosa, pero eficiente. Que de todas maneras deja huellas imborrables, que es lo que en últimas, el otro quiere.

Quien lo padece, lo describe.

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