Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




junio 17, 2010

Fotografías





Luis Fernando Gutiérrez-Cardona


Uno va por el mundo con los ojos abiertos para darse cuenta de que la primavera termina y entra el otoño. Para comprender que donde sea que vaya, siempre uno va con uno. Y que los atardeceres y los amaneceres en playas o ciudades lejanas, son los mismos atardeceres y amaneceres que ve desde la ventana de su casa o desde el parque de su pequeña ciudad.

¿Qué quisiera fotografiar de éste mundo? Lo hice alguna vez y las imágenes andan vaya uno a saber donde. Fotografíé las manos de mis padres haciendo lo que hacían normalmente, tomándolas de lejos, sin que ellos se dieran cuenta, con un gran lente que la modernidad tornó inservible. Las manos de mi padre cogiendo un libro. Uno café o uno empastado en tela azul que nunca le faltaban de sus cercanías. El primero un par de novelas de Nikos Kazantzakis: El Pobre de Asis, y Cristo de Nuevo Crucificado. El otro era El Quijote. Pero no era el quijote, como quien dice, era "Su" Quijote. Que llevaba a todas partes, que mascullaba de memoria, oloroso y untado de amarillo de cigarrillos pielroja, que tomaba como nos tomaba a nosotros de las manos siendo niños. Sus manos de largos dedos mostraban los nervios sobresalientes que tenían que tener las manos del andante caballero puesto que su rostro y su cabeza parecían también haber sido hechos para lucir su yelmo. El yelmo de don Alonso Quijano. Las manos de mi madre, un poco maltrechas por una artritis que no le molestaba, trabajaban sobre la máquina de coser, con una aguja o con las agujas de tejer. No eran muy lindas las manos de mi madre. Ella las cuidaba como hacen las mujeres con sus manos, pero reflejaban una vida laboriosa, una voluntad de hierro y una enorme determinación. Mandé enmarcar esas fotografías pero en un cambio de casa quien sabe que camino cogieron.

Me gustaría volverlo a hacer pero ya no es posible. Las manos de uno y otro simplemente no existen ni siquiera como esqueleto. Ya no se usan los esqueletos. A las gentes se las vuelve polvo y cinco horas después de muertas, no son nada.

También quisiera retratar a Dios. Pero entonces no sería algo de este mundo. Sería útil que Él tuviese una foto suya y se mirara. Y viera que está muy viejo y muy cansado. Que le urgen unas vacaciones y un reemplazo. Que por aquí está haciendo mucha falta alguien que ponga órden en su creación. A menos que tenga interés en que deje de serlo.

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