Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




agosto 05, 2011

Juana


Luis Fernando Gutiérrez-Cardona


Ayer te moriste. Dicho así parece que hubiese sido un acto voluntario de tu parte. Y casi que lo fue. Avisaste tus momentos. Te esforzaste por ser tan parecida a ti misma como fuese posible a pesar de las enfermedades que te iban minando.  Dichosos seres por quien otro toma la decisión de parar su sufrimiento, su dolor o su deterioro cuando ya es insufrible. Ayer me recordaron algo que dije en alguna ocasión: "nos queremos tanto que el amor nos da para no ser egoistas."  No podía ser egoistas contigo, ni siquiera para no dejarte ir. 

Me fascinaba descubrir tus ojos tapados por esas largas cejas de tu raza, y mirarnos de frente. Sostenías la mirada por más tiempo de lo que es usual. Eras un ser sabio perdido en algún giro kármico. Y tenias los andares, las maneras y las gentilezas de una dama.

Sentados en este mismo lugar, me dejaba llevar por extrañas músicas, por sentimientos tristes, por pensamientos extraños. Observabas que la noche, los libros o el alcohol hacian efectos y simplemente ponías tus patas delanteras y tu cabeza en mis piernas, no puedo decir que sin decir nada,  y empezabas a inquietarte reclamando que mejor paráramos ahi y huyéramos al sueño. Te comprendía y te hacia caso. Detenía la música, apuraba la última copa y algunas veces traia una manta que nos cubriera por el resto de la noche que pasabamos ahí mismo.

Saliamos a caminar por el parque o por la avenida, siempre suelta porque te queria libre y andando a tu aire; que revisaras los postes y te detuvieras en donde quisieras. La gente te veía, siempre bella, siempre bien organizada, siempre con un collar de colores diferente, fuerte y gruesa. Te llamaban pero seguias de largo. Te arrimabas a tus congéneres, pero pronto te desprendías de ellos para seguir sola y buscar el camino con tus humanos compañeros.

Linda y buena amiga en donde fuera, anduviste conmigo por todas partes. Aunque no hablaras, me comprendías mejor de lo que nosotros a ti. Los dioses te dieron un hogar amable en que vivir y lo amaste. No te dabas fácilmente, pero luego eras irreductible. Tan irreductible como el cariño que te guardamos quienes tuvimos la felicidad de tenerte como sintiente aliada. 

Gracias por tu existencia y el encuentro. Llenaste con creces este corazón asordinado.


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1 comentario:

Mersault dijo...

Juana Bella!!! Tengo, para mi vanidad, la satisfacción de haberla conocido. Estará bien allá donde esté, ¡qué envidia!