Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




diciembre 18, 2011

Hogar



Luis Fernando Gutiérrez-Cardona



Hogar viene del fuego que se mantenía encendido en el centro de cada casa, alrededor del cual se reunían todos para cocinar, comer, conversar, calentarse o protegerse de los animales y protegerlos a ellos. 

Conocí el fuego en el estado original en que lo descubrió el hombre unos diez mil años atrás, es decir, surgiendo de la madera en algo que se llamaba hornilla o fogón de leña.  La leña se tomaba libremente de donde la hubiese o la vendían en jotos que cargaba un burro. El carbón de leña, trasformación ancestral que se hacía quemàndo troncos bajo tierra, lo vendían por paladas hombres ennegrecidos por el trabajo de años. En cada casa había un costal para el carbón y, en alguna parte, el depósito al que los niños eramos enviados por ello cuando hacía falta. La mamá se arrepentía porque después tenía que lavar ropa y muchacho.

El fogón nunca se apagaba. En las noches se cubría con ceniza un tizón encendido que no se consumía y en la mañana alimentaba a sus compañeros de suerte o infortunio utilizando un artefacto en forma de rombo tejido de hojas de palma llamado china. Echar china a las arepas era, para el no experto, un fracaso que terminaba en nube de cenizas, arepas perdidas, chinazos en la cabeza, carreras, echada de la cocina y gritos; o en arepas quemadas que salvaban raspándolas con una lata. Eran cuarenta por día, más las del desayuno y unas masas saladas, alargadas y deliciosas para el algo de las cuatro al regreso de la escuela. Guardadas en canastas que colgaban sobre el fogón, ¡ay! de quien se comiera una a deshoras o en exceso de las que sabía le correspondían. ¡Quién-se-comió- las-arepas! grito y palmada simultánea a quien estuviera más cerca, fuera o no el autor, era frecuente.

El fogón, de fogare, bullía de gente y actividad a su alrededor. Montaban mazamorra, frijoles y sopas de plátano que era lo que la tierra daba y, cuando las neveras no existían o los recursos eran escasos,  pendían sobre él carne salada untada con cebollas largas. Es que ciertos gustos e idas a comer manjares sospechosos, provienen del hogar paterno.
Los olores, los sabores, los usos más legítimos vienen del hogar.
Los fuegos han cambiado. No son los originales. Hay gas. Hay electricidad.
Hogar: tibieza, calidez, encuentro, sonrisa. Certeza y seguridad. Tizón siempre encendido.
Se anhela siempre un hogar que nos acoja. Que la alegría de quien allí esté, sea persona, animal o cosa, nos cubra. Y se asume que cuando se sale de casa es a sufrir.

Es un hogar este momento y esta reunión, sin fuego, pero con luces, comida, tibieza de seres que se aman, niños, gritos, carreras, mamás, papás, tios, abuelos, mascotas, pájaros que cantan y hablan. Y retornos.
Hay hogar.

Que lo haya siempre.





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