Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




agosto 24, 2012

Un tal...



Oído, en la mesa del lado.

Es muy poco lo que en palabras puede agregarse a esta vida que concluye. Cualquiera que sean las que use, y cualquiera el sentido que para mi tengan, serán vueltas en mi contra, demoledoras, imparables. Me atreveré, no obstante, porque es la forma como los seres humanos se comunican.

Un crimen es cualquier cosa. Conversar, mirar, decir, callar, escribir. Las palabras que provoca tal crimen no son otras que las que el corazón acumula día a día, las que me esperan, dichas o no, al regresar a una casa que no puedo llamar hogar, en la que soy un desplazado, en donde tengo miedo, en la que siento frio. En la que hasta el lecho es ajeno. No dolería si las palabras con que insultan fueran solo para mi, y no las usaran para hablar de mi con otros, las que siguen diciendo sin colgar el teléfono cuando termina una llamada, las que oigo mascullar al voltear la espalda.

La gratitud que mi ser guarda perecerá cuando perezca. No soy perfecto. ¿Qué perfección alcanza?

Dejamos de ser.  Han dicho tantas cosas, golpeado tanto a sabiendas y sobreseguro. Han dicho que produzco asco. Qué cruel ha sido. Pero solo se me ocurre hacer con ellas un pequeño escrito impersonal de desolación, de desamparo. Sin rabia, sin resentimiento.

Debo irme. Aportado todo, todo lo perdí. No tengo bienes. No tengo un amigo a quien llamar para tomar un café o una cerveza. O a quien acudir en un momento de dolor, de duda o de enfermedad. Aunque me quede, solo, helado en un lugar para sentirme humano, al llegar a esa casa una mirada escrutadora juzgará y condenará. Agotadas la inteligencia y cada cosa con la que llegué, soy un desecho más. Un tal.

Ya está perdido todo, y en todas partes. Siento que el amor inercial que me tuvieron -también los míos- disminuye cada tarde de encuentro. Ello tiene su razón de ser. No tengo que culpar a nadie ni nadie a quien culpar. Ni de qué. Todo es causal.

El cáncer que tengo es mío, pero no alcanzará. Hay cosas que no importan. La vida sobre todo, y tampoco importa la muerte.

Deberé ser capaz de encontrar un refugio en el que no cuente para nadie.

Desee en todo momento, en todo lugar, con cualquier persona y con todas ellas, sea feliz, tener paz. No pudo ser. Este pobre ser despreciable y avergonzado no tiene que ser olvidado. Ya lo está.

Que bien marcharse sin mas líos que los inevitables, sin afectar a nadie, calladamente, silenciosamente, discretamente.


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