Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




mayo 04, 2013

Padre nuestro


Luis Fernando Gutiérrez-Cardona


Padre nuestro que estás en los cielos,
es hora que te bajes de esa nube.
Llevas muchos miles de años allá arriba
y has perdido el contacto y la perspectiva.
Tu voz no la conoce nadie y tu poder está en duda.
—Es cosa de la imagen ¿sabes? Quienes te representan
están desesperados y un poco chiflis.
Y te ha surgido competencia.—

La última vez que estuviste por aquí, dicen,
fue mediante un hijo raro,
que se dejó crucificar porque esa era tu voluntad.
De eso hace como dos mil años.
Apenas anduvo un pedazo de la tierra no muy grande:
unos cuantos kilómetros cuadrados.
¿Cómo, sin ver la humanidad, pudo haberla juzgado
a su favor o en contra suya?

No hay constancia de que el hijo que mandaste
haya montado en nada diferente de una barca
de pescadores y atravezado en burro
algunas calle de una ciudad polvorienta.
Ahora veloces naves van por el aire
y por la tierra y por el agua
llevando la gente a cualquier parte...
No necesitarás nada de eso
pero a lo mejor uses alguna, solo por diversión,
y veas lo que hay en todas partes.
Te sorprenderá.

El mundo, Padre, ha crecido demasiado,
tanto que se ha achiquitado en nuestras manos,
y está al alcance de todos.
Comprendemos el tamaño de tus problemas cósmicos
pero si llegas a aparecer
la humanidad lo sabrá en segundos
y si llegas a hacer algo, como por ejemplo
no resucitar a nadie, ni convertir el agua en vino
ni curar locos ni leprosos ni lisiados,
que eso ya lo hace cualquiera,
pero hacer feliz a todos suprimiendo el miedo,
cosa simple para tu poder de Dios,
podrás regresarte a tu sofá
y al canto de tus ángeles
con nuestra gratitud por los siglos de los siglos.

Aquí estamos Santificando tu nombre
a las buenas o a las malas, sin que sirva de mucho
ni te haga falta
y sin que venga a nosotros tu reino
ni se haga tu voluntad, que se ignora
porque como no has sido claro,
al menos en la tierra, todos hablan por ti
aterrorizando siempre.
¿Cómo será en el cielo?

Miles de millones de personas
no tienen el pan de cada dia
y sigue habiendo más.
Cientos de millones no perdonamos
como tu no nos perdonas a nosotros
al mantener abierto el infierno
y vivo al diablo.

Con toda sinceridad, Padre,
caemos con frecuencia
en esas tentaciones inducidas
por ti o por la naturaleza.
¿Para qué nos pones a luchar con ellas?

Líbranos del mal, Padre nuestro.
Pero sal del cielo y entérate

no nos mires más por la ventana
la cosa no va bien.








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