Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




agosto 20, 2013

Colombia, a mi manera



Luis Fernando Gutiérrez-Cardona


"Todos los corazones, salvo alguna excepción, están a la izquierda"
Julio Anguita 



Por allá, en la primera mitad del siglo pasado, cuando en Colombia gobernaban las hegemonías liberal o conservadora, un campesino llegado de Pácora, del suroeste antioqueño, o de quién sabe donde,  con su esposa de quien sabe que lugar, luchaba por su familia en alguna colonización del occidente de Caldas, hoy Risaralda. El lugar, un pueblo como tantos, se llama Santuario. El campesino era mi abuelo.

Santuario era un pueblo conservador que se convirtió a la fuerza en liberal. El abuelo tuvo que irse a otro pueblito que fundaron en el cerro del frente, llamado La Celia. Ya se parcelaba por política.
Con sus doce hijos también tuvo que huir de La Celia y pasaron a otro pueblo llamado Marsella. No conozco bien la historia. A mis ancestros les dolía contarla.

Uno de los hijos estudió para cura y una vez terminó fue enviado como párroco a Arboleda, vereda de un pueblo del oriente de Caldas que se llama Pensilvania. Tan perdida en las montañas que no era posible llegar a ella desde su cabecera municipal, sino que era más fácil accediendo desde Antioquia, por Sonsón y por Nariño. Así lo hizo el Cura y con él mi padre -su hermano menor- que lo acompañaba.

Luego el cura fue promovido a párroco de Pensilvania y allí llegaron todos ni más ni menos que desplazados. Desplazados por la violencia. Indemnizables.

Pensilvania era un pueblo conservador, tranquilo, frío, nublado y lluvioso.

Los abuelos no resistieron y se marcharon de nuevo ésta vez a El Águila otro pueblo en las montañas del norte del Valle. Allí señoreaba la violencia, pero uno de los hijos aguantó y vivió mientras levantaba su familia en Cartago. Quemaron ese pueblo. Mataron a su hijo mayor. Pero aguantó.

Los que se quedaron en Pensilvania hicieron sus familias sin volver al campo. Sin mirar atrás. Y como dice la gente: salieron adelante. Por el lado de la familia de mi madre, eran descendientes directos de antioqueños.  Abrieron tierras y las sembraron de café y caña. Fueron las tierras ancestrales.

Pasados los años llegaron primero los guerrilleros, después los paras y la tierra cambió de manos a favor de quien quiso arriesgarse a comprarla por lo que dieran.


Arboleda, después, fue sede de una de esas batallas en que las FARC atacaban los policías de cualquier villorrio y los dominaban por agotamiento y número. Volaron el cuartel, la iglesia y las casitas pobres de los lados. Masacraron los policías -14- y a 3 habitantes más. Jugaron fútbol con sus cabezas.

Karina, se llamaba la jefe de la toma. Químicamente mala. Por ahí anda, creo que libre.

La cabeza de quien dirigía esa guerrilla fue, mucho después, entregada por sus secuaces a cambio de dinero y otras prebendas. Es el espíritu nacional. Por la platica, todo.

Conozco la historia del país. He escrito sobre ella, he publicado.

No soy de derechas.

Me gusta considerarme amante de la democracia. No creo que lo que hay en Colombia sea democrático. Pero creo que se puede transformar dentro de y para la democracia.

Colombia existe mucho antes que Alvaro Uribe, quien parece haberse constituido, por sus ocho años de mandato, en el único referente de la juventud.

Este país ha vivido una tragedia desde su nacimiento.

La independencia fue un relajo. Tanto que pasó a llamarse Patria Boba.

Mataron a Sucre.

Santander toleró el atentado para matar a Bolívar. Fue juzgado y condenado por ello. Y perdonado.

El siglo XIX se perdió en batallas regionales. En politiquería. En líos de faldas. En parroquialismo. En pobreza. Terminó en la matanza de la llamada Guerra de los Mil Días.

El siglo XX se perdió también. Se perdió Panamá. Muertos en las bananeras. Bandolerismo, violencia partidista. Terrorismo. Guerrilla. Paramilitarismo y Narcotráfico.  Se perdieron grandes territorios en la Amazonía, en los llanos, en el golfo de Maracaibo.

El XXI apenas inicia, y ya perdimos San Andrés.
Mi generación fracasó totalmente. Mi generación se entregó en cuerpo y alma a la cultura narco, al pabloescobarismo: a la plata fácil y mucha. Al sicariato físico y moral.

El país que ya era un mierdero lo legamos como mierdero y medio.
Cambiemos a Colombia, pero cambiémosla entre todos y para todos. No para que cada uno tenga su corral: el minero el suyo, el ganadero el suyo, el papero el suyo, el cafetero el suyo. El suyo el dueño de la tractomula y el taxista el suyo. Un coto de caza para cada uno. No.

Que construyamos juntos. Que el paro sea un paro y no la suma de paritos de cada interés particular presentado como si fuera general.

Que sea entre todos. Y metiéndola. No esperando apelotear el maná que caerá del cielo. No poniendo al estado como trompo de puchar. Porque a un estado, seguirá otro estado.

Es la gente de la universidad, la gente joven, al tomar el mando, la que podría transformar este país. No los vejetes curtidos de violencia y salidos de los montes.

Lo peor es que cuando llegan a Ministros, esos jóvenes se vuelven contra las clases de las que formaron parte.

Cambiar la patria pensando en democracia, pensando en todo y en todos. Con sensibilidad, con honestidad, con generosidad, con conocimiento.

No se dejen imponer el cambio desde el discurso caduco del comunismo extinguido que atizará la guerra, ahí sí, de todos contra todos.

"Todos los corazones, salvo alguna excepción, están a la izquierda", dice Julio Anguita, en este discurso memorable.

http://www.youtube.com/watch?v=OVvsbVibMvQ

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