Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




abril 15, 2014

Nocturno

Luis Fernando Gutiérrez Cardona

"La montaña exhalaba olor a menta y a tomillo; la noche se deslizaba azul y transparente. Muy de tarde en tarde se oía el ulular de algún ave nocturna y el atrapar orugas, ratones o escarabajos. Las estrellas esa noche se veían tan bajas que parecían suspendidas entre cielo y tierra." (N. K.)

Un día aparecieron sobre la mesa de noche de mi padre dos libros de Nikos Kazantzakis. Eran Cristo de Nuevo Crucificado y El Pobre de Asis. Los libros empezaron a desaparecérsele y él a reclamarlos. Tenía mi padre un poco de hijos y todos tomábamos sus libros cuando él estaba en el trabajo, y nos olvidábamos de devolverlos. Él los recuperaba con paciencia, sin reclamos, y volvían a estar en la mañana bajo su lámpara. Por años dieron vueltas de alcoba en alcoba porque su lectura no terminó nunca. Un día desaparecieron y a la semana regresaron de nuevo los dos vueltos uno, empastados en cuero café con sus nombres en letras de oro sobre el lomo. Como no eran iguales el artesano encuadernador los emparejó y las letras quedaron en el borde a punto de caer por él. Sentía pesar por ello.
No sé mis hermanos pero yo lloré sobre sus páginas y aún hoy, cuando abro en cualquier parte la historia de Francisco de Asis contada al Hermano León, o repaso esa novela portentosa y recuerdo al Agá Manolios o al Pope cuyo nombre se me escapa, siento que ruedan lágrimas igual que entonces. Si Cristo descendiese hoy a la tierra, a un mundo como este, ¿qué crees que llevaría sobre los hombros?, ¿una cruz? No, una lata de petróleo.

Ahora con mayor razón: me llevan otra vez a la niñez y a las manos fuertes, nervudas y amadas de mi padre.


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