Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




febrero 22, 2015

Cartas





Luis Fernando Gutiérrez-Cardona


Ayer tenia que esperar un par de horas mientras hacían algunas labores de mantenimiento al carro. Lo dejé en el taller, subí las escaleras de la Calle 12 hasta la Carrera 23 y busqué un lugar para desayunar. Entré al segundo que vi. Me ofrecieron huevos revueltos, arepa con queso y chocolate, muy de casa. Lo tomé. Pagué los tres mil pesos y crucé la calle al parque que hicieron que les quedó bastante bello.

Por ser sábado había poco tráfico y poca gente. Las fuentes de agua funcionaban sincronizadas con la música que brotaba de los parlantes. Escuché. Hice algunas fotografías del pequeño canal por el que a pesar de su poca pendiente transcurre veloz el agua mientras pensaba, sin ninguna originalidad, que así mismo es la vida. Hacía sol, pero había llevado un sombrero que traje de San Miguel de Allende.

Solo había un joven leyendo recostado contra una pared, algunas personas del aseo y los policías de la estación cercana. Llevé un libro comprado la tarde anterior tomado de las bandejas de la libreria dónde ponen los que están en promoción, garantía de que no fueron un gran éxito editorial. No dudé en comprarlo cuando leí el párrafo que cayó en mis ojos. Se llama El Regalo del Tiempo - Cartas a Mis Hijos - escrito por Jorge Ramos el muy conocido periodista. Lo abrí por la mitad, en el comienzo de una cualquiera de las cartas, Carta 8 - Miedo a Volar, y me dejé atrapar. El autor lo expone al comienzo: "Estas cartas no son para ti. No se suponía que tu las leyeras, pero aquí están." Son cartas íntimas, pero no muy diferentes de las que mi padre me hubiera escrito si se lo hubiese permitido. Porque mi padre era como Ramos describe al suyo, como los de su tiempo: sin mucho espacio a las manifestaciones de afecto pues el amor se sobreentendía. La idea que cruza el libro es el inicio de Demian, la novela de Hesse: "Quería tan sólo intentar vivir lo que tendía a brotar espontáneamente de mí. ¿Por qué había de serme tan difícil?"

Hoy volveré a la libreria con la esperanza de que nadie haya descubierto lo que yo y comprar algunos ejemplares para regalárselos a mis hermanos. También quisiera dárselo a una persona que comienza a estudiar periodismo aunque quien sabe si les gustará. El tiempo y la vida ponen distancias pero hay amores eternos.

No tengo hijos ni ganas de tenerlos. Desarrollé una teoría exculpatoria que me cuido de exponer. Pero me siento un poco padre. Siento que hubiera sido uno bueno como la mayoría.

Ramos me llevó hasta mi padre, muerto hará por estos meses quince años.


§


A las once empezaron a llegar niños y uno de ellos, traviezo como corresponde, apuntó un chorro de agua contra mi humanidad consiguiendo dos cosas malas y dos buenas: las malas un regaño y una mirada fulminante; las buenas, que volviera en mi, y se disimularan las lágrimas que en ese momento corrían por mi rostro.


§


Hay en el nuevo parque una tienda de esas famosas que venden café. Estaba abierta pero preferí bajar unos pasos para recorrer un poco el nuevo bulevar; me detuve en el kiosko que ha existido allí por años -paradero tradicional de taxistas- y pedí un café. La señora sirvió uno pequeño. Le puse un poco de azúcar y me senté a tomarlo. Fue como la ambrosía. Un café como hacía mucho tiempo no probaba. Lo degusté poquito a poco y luego casi que reverencialmente pedí que me sirviera más. Me miró como diciendo ¿vio? Una limpia descarga de energía envuelta en aromas y sabores. Le pagué sus mil pesos, tres veces menos de lo que valía más arriba, y me dije que había sido la mejor mañana de sábado en mucho tiempo.

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