Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




abril 17, 2015

Nostalgias




Luis Fernando Gutiérrez-Cardona



¿Recuerdas, Germán? Tu tenías el mejor bar de la ciudad y yo creia ser tu mejor amigo. Diariamente hablábamos por teléfono y yo llegaba los viernes como a las siete de la noche. Conversábamos de lo que pasaba en los negocios, el trabajo, nuestras vidas, en nuestro pais, en el mundo de todos. Allí nos inventamos un trago que se volvió el de la barra que formó. "Una medicina", decíamos, y el barman nos servía en un vaso largo un trago doble de ron que luego llenaba de cocacola al clima hasta el borde. El orden era importante: lo es lo mismo el ron encima de la cocacola que debajo. Le agregaba un tris de zumo de limón y dos gotas amargas. No podía tener nada más ni nada menos. Quedaba con un delicioso sabor a jarabe y, a lo largo de la noche, seis desocupaban una botella que por cabeza era demasiado alcohol. Pero éramos jóvenes -se es joven siempre en pasado- y aguantábamos para seguir en otra parte. Una tarde, lo recuerdo como si fuera hoy, llegué a tu bar. Me saludaste como siempre y te dije: Germán, házme por favor un trago, uno solo, que me deje literalmente ebrio de una vez.  ¿Qué te pasó?, preguntaste sin esperar respuesta y a los minutos apareciste con un vaso lleno de una mezcla marrón de extraño sabor. Gracias, te dije. Fresco Guti, me contestó tu esposa, y lo apuré de una. Los efectos fueron brutales. Mi carro amaneció en el parqueadero de tu negocio -que era la calle- y yo no sé como llegué a la casa. Mi padre dijo que fue temprano en un taxi y que no se me notaba borracho. No recordaba nada: estaba totalmente ebrio. Almorzamos juntos el sábado en alguno de tus restaurantes. No comentaste nada ni yo lo hice. Hoy recuerdo hasta lo que comimos, y te recuerdo a ti que ya no eres mi amigo porque en las revueltas de la vida quedé a un lado. Mejor dicho: sí eres mi amigo pero ya no lo soy para tí. Pienso que quiero una bebida como esa que me deje ebrio de una vez por todas y por siempre. Que me emborrache y después me mate. Se que vives, pero ni siquiera se en donde. Y la vida me enseñó que no hay amistad sino circunstancias. Con todo, mi corazón te abraza y recuerda en este atardecer helado y solitario.


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Gary Bunt


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