Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




agosto 03, 2015

Luna




No hay peor sensación para un hombre viejo que la del abandono y la del desamor. Quizás no haya nada peor que encontrarse de pronto sin hogar, sin ruta y sin futuro... Desamparado. Abandonado. 
Ayer, saliendo de Austin extrañábamos la luna llena que nos acompañó las dos noches anteriores. Es que en Texas no sale la luna, decíamos entre risas, cuando de pronto, justo al frente, apareció ella un poco de perfil, muy poco, vestida de un rojo intenso. Jamás la había visto tan hermosa. Quedamos lelos intentando no perderla entre los árboles y las miles de luces del camino. Fue un momento muy especial. Esa roca enorme que ha dado vueltas por eones a la tierra, que la frena y la estabiliza, que la alumbra de noche y la regula, que fue el más importante de los dioses hasta cuando el sol la desplazó como tal en la mente de los hombres. Solitaria, ella, ¿cuántas veces habrá querido soltarse del abrazo de su compañera eterna? Compañía de los hombres solitarios, ella. Amada. Amante inconsciente. 
Fue subiendo, subiendo y cambiando de color y siempre visible, nos alumbró el llegar agradecidos, el descargar de maletas y de todo lo que se acumula en un viaje largo. El caminar lento de un cuerpo ajado que solo amerita ya ser invisible.
Yo te doy las gracias luna por habernos iluminado el camino desde el Pacífico hasta el Atlántico. 
Yo te agradezco, Luna, ser testigo del que volvió más cosa y menos hombre. De lo que volvió apenas con la muerte en perspectiva.



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