Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




octubre 15, 2015

Querido hijo





 Luis Fernando Gutiérrez-Cardona

es como ver la luz del cielo
—susana march


Querido hijo: ¿qué pasaría si existieras? Tendrías hoy unos veinticinco o veintiseis años. Habrías terminado tu carrera universitaria y estudiado más. Estarías trabajando, quizás ya no estarías en casa, vivirias en otra ciudad, otro país, quizás con tu novia... hasta puede ser que ya tuvieras un hijo y que de vez en cuando pasaras por donde vivo a estar conmigo un rato.

Nunca te evité y tuve la potencia para hacerte. Si no surgiste fue porque el cosmos se alineó de manera que no ocurriera pues no te desee con la fuerza con que el mundo desea tener hijos. Hasta dios quizo uno para sacrificàrselo a si mismo... qué extraño es eso. Tal vez pedí a los vientos que no vinieras y ellos, a veces, conceden lo que se les pide. O lo que no se les pide porque tampoco lo hice. No se si equivocadamente, no se si acertadamente. Pero la razón principal fue el egoismo. No egoismo para compartir lo que buenamente pudiera haberte dado, sino para no compartir el dolor que para mí ha representado en todo instante la existencia. Mi egoismo parte de un error: el error de creer que porque no quise, ni quiero, ni querré la existencia, no tenía el derecho de poner en éste valle de lágrimas a alguien más que lo regara con las suyas.

En mis noches te veo llevándote de la mano a tu colegio, acompañándote a jugar en los parques, compartiendo una tarde de tenis o de caminada. También aprovechándome de ti para mostrarte los párrafos que me emocionan de algún libro, poniendo en tu mesa de noche uno de poemas o de los temas que me gustan, sin preguntarte nada, dejándote siempre ser tú mismo; enseñándote a ser libre, repitiéndote aquello que aprendí tan tarde: que ser feliz es posible y depende de controlar un pocos los anhelos y deseos. Me veo llevándote a tu primer día de universidad a estudiar lo que escogiste, preguntándote si te dejo lejos para que no te avergüences de tus amigos en la seguridad de que desde cualquier lugar esperaría para verte entrar y luego esperaría, ese primer día, para verte salir sin que te dieras cuenta.

Te habría tocado el mundo que también vivo pero vivido de manera diferente: tú como parte de él, formando parte del mismo. integrado con él, y yo aprendiendo permanentemente de él, reaprendiéndo como ha sido cada día, día por día, desde mis siete años o antes desde que mi razón se hizo presente. Es decir reaprendiéndome. Habrías tenido y tendrás toda la tecnología a tu alcance y yo hubiese alentado tu inteligencia cualquiera fuese el camino que escogieras. No sé que tan amigos fuéramos despuès de aquellos primeros años cuando en tu adolescencia empezaras a verme desde tu independencia y tu particular modo de ser y a chocarte el mio. No es fácil ser amigo mio principalmente por que resulta demasiado fácil serlo. No lo sé.
¡Cómo gozaría que algún día me invitaras a tomarnos una botella de vino, solos los dos, en un parque mientras atardece!

Quizás no pueda hablar de hijos quien no los ha tenido porque no ha sentido lo que dicen que se siente el ser padre y no sé, por lo mismo, lo que es ese querer.

El mundo, te diría, es un mal lugar para vivir pero te daría los elementos para que lo decidieras por ti mismo y pudieras sonreir llevándome la contraria en en todo tiempo. Tampoco habría hecho mucho por mostrarte esto como yo lo veo, y si lo encuentras bello no haría nada por cambiarte de idea. 

A tus veinticinco o veintiseis años, arrogante y ambicioso, me estarias viendo por primera vez cansado. Andando un poco más lentamente cada día. Trepando con dificultad por primera vez las calles empinadas del pueblo en que vivimos. Me criticarías por lo que hice, por lo que hago y por lo que ya no haré. Tendrías un montón de familia con la cual te criaste, que te abrazó siempre, que hizo parte de ti y que aprendiste a querer y con la que, supongo, pasarías momentos muy intensos. Un montón de primos, todos como tu. Aunque esperaría cosas de ti, nunca, ni por una sola vez en la vida habrías escuchado de mí cuales, más allá de las elementales de cumplir con aquellas que se supone hay que hacer en tu propio beneficio, pero ninguna para mi. Cuando eras más joven me preocupaba como todo papá que no llegaras y por saber en donde estabas y habría intentando que aprendieras a lidiar con los peligros por ti mismo sin coartar su libertad. Habrá habido momentos en que me habrás odiado y yo a ti. Alguna vez me habrás pedido, y yo a tí, cosas que no pudfe o quise darte y que no podias o quisiste concederme.

A veces pienso en si tus manos se parecerían a las mías como las mías a las de mi padre. Pienso en que nombre llevarías. No te llamarías Luis, como tu padre. Tendrías un nombre con personalidad, sonoro y corto. Y te vestirías de vez en cuando de jeanes y tenis converse.

Yo quiero darte, hijo que no tuve, un abrazo desde el corazón. No tendrías un gran padre ni un gran papá. Físicamente aportaría
—ya sabes— mi torpe aliño indumentario. Habré sido uno malo y triste a quien habrías sorprendido más de una vez llorando en secreto. Hoy más. Hoy muchísimo más.

Querido hijo, el hijo que no tuve: en tu no existencia yo te amo.  

§

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