Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




diciembre 28, 2015

Pesebre





Pesebre

Vivimos unos tiempos en los que todo tiende a la desacralización. Pero resulta que por razones estrictamente antropológicas necesitamos que subsista entre nosotros lo sagrado, lo ritual. Occidente se hace más laico, mientras los musulmanes intentan imponer su fe por la fuerza.

El pesebre navideño es como el último eco de lo sagrado entre nosotros. Pesebre viene del latín praesaepe, originariamente el lugar reservado para dar de comer a los animales, o más bien para mantenerlos protegidos. Pesebrera, es la palabra usada en Antioquia.

Hacer el Pesebre es reservar un lugar de la casa para lo sacro, poner algo sagrado en el corazón del hogar. Lo que recuerda el ancestral gesto del hombre primitivo, de acotar un espacio para lo que aspiramos que sea protegido por la divinidad.

Ponemos mucho cuidado en que sea hermoso y completo. porque es un microcosmos en sí mismo. Un canto a la existencia y al amor a la vida. En el Pesebre está todo: la Naturaleza, el Cielo y las Estrellas, las creaciones humanas, los animales, el trabajo de cada día, lo mágico y lo misterioso. Es curioso como esto nos lo transmitieron los mayores de manera intuitiva.

El pesebre navideño fue un genial invento de Francisco de Asís.

Recomiendo leer su vida en El Pobre de Asís, la obra de Nikos Kazantzakis que mi padre, Gerardo, tuvo siempre en su mesa de noche. Sus párrafos iniciales están en mi memoria: “¿Recuerdas, padre Francisco, a este indigno que hoy toma la pluma para escribir tus hechos y tus gestos? Yo era un mendigo humilde y feo el día de nuestro primer encuentro. Humilde y feo, hirsuto el pelo de la nuca a las cejas, cubierto el rostro de barba, temerosa la mirada. En vez de hablar, balaba como un cordero. Y tú, para burlarte de mi fealdad y mi humildad, me apodaste hermano León. Pero cuando te conté mi vida, te echaste a llorar y me dijiste, atrayéndome a tus brazos: —Perdona que me haya burlado de ti llamándote león; porque ahora veo que eres un verdadero león, y lo que persigues sólo un león verdadero podría perseguirlo.—“


 ¿Por qué tuvo esta idea? Francisco se esforzó en sustituir la lucha armada en Tierra Santa por la mera predicación y la actividad misionera. Se embarcó en la Quinta Cruzada y consiguió entrevistarse con el Sultán, a quien tuvo la osadía de intentar convertir. Cuentan que el Sultán le preguntó a Francisco por qué los cristianos predicaban el amor pero hacían la guerra. Francisco rompió a llorar y respondió: “porque el amor no es amado”. Cuando Francisco retornó a Italia, decidió hacer su propia protesta frente al afán bélico de la cristiandad creando una especie de Tierra Santa en miniatura que hiciese innecesario embarcarse hasta Palestina con armas, queriendo decir, sin palabras, que el Pesebre podría estar en cualquier sitio, y, para empezar. en nuestros propios corazones.

Joludi.

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