Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




abril 16, 2016

Alta hora de la noche





Luis Fernando Gutiérrez-Cardona

No me cuesta reconocer haber perdido. Me cuesta asimilarlo, soy humano. Pero, con el poeta, pienso que se deben tratar igual triunfo y derrota, ese par de impostores. No sabía que una noche sin una nota suya era tan larga. Pero resultó ser menos larga que un día y una noche juntas sin una nota suya. Sentado en un rincón, con un par de cervezas una frente a mi y otra frente a una silla vacía veo formarse uno de esos atardeceres que hace y deshace la naturaleza en unos cuantos minutos. ¡Qué genial que así fuese la vida! ¡Que conscientes de ella se hiciera y deshiciera en el tiempo que dura un ocaso!  Dejo correr, ya que no tengo con quien hablar y mi mente es casi siempre un dialogante amargo,  el Adagio en sol mayor de Albinioni, el Adagio para cuerdas de Samuel Barber, el Adagietto de la Sinfonía nº5 de Gustav Mahler. Aguanto hasta el Nocturno de Chopin. ¿Por qué no buscar el Requiem de Mozart, aquel que escuchábamos arrobados en momentos aterrorizantes? Recuerdo aquello de Purcell en La Naranja Mecánica. (Lo que quede del cuerpo que fui déjenlo correr con Sarabande de Handel de fondo, en la interpretación más lenta que consigan).

La casa, sola,  atruena. Tomo un libro de Roque Dalton y un pequeño papel señala un poema:

ALTA HORA DE LA NOCHE

Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
porque se detendría la muerte y el reposo
Tu voz, que es la campana de los cinco sentidos,
sería el tenue faro buscando por mi niebla.
Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas.
Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta.
No dejes que tus labios hallen mis once letras.
Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio.
No pronuncies mi nombre cuando sepas que he muerto:
desde la oscura tierra vendría por tu voz.
No pronuncies mi nombre, no pronuncies mi nombre.
Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre.

Finalmente llega. Hundida en los vapores del amor. Es un adiós continuo. Sin adioses.

§






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