Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




abril 23, 2016

La mesa del lado



Luis Fernando Gutiérrez-Cardona

Ya lo ves
la vida es asi

—R. Durcal


Tarde de viernes. Hora de compartir un rato con la amiga del alma. Ella prefiere un  lugar en el que no me siento a gusto. Le ofrezco alternativas y vamos una cuadra más abajo. El sitio es pequeño, cerrado por una enredadera. Fresco. Bajita la iluminación, no hay música.  Pide un jugo de fresa y freijoas, yo uno de café y para los dos una porción de torta de chocolate. Pasamos el rato entre los cuentos de siempre, las risas, los momentos de reflexión y, como no, también de tristezas. Me habla del amor, de su esposo que murió hace tantos años, de sus hijas con admiración. Le hablo del desamor, del olvido, del odio, de la futilidad de la vida, de como pasamos a ser el problema que hay que rehuir, de mi muerte. Lleva, le digo, una florecita de esas que se deshacen y la soplas sobre la tierra en cualquier parte en nombre mío. No le hace gracia. Me manda callar con energía. 

Respondo un mensaje en el teléfono -uno de esos desabridos "que hay de tu vida" que se replica con un "no pues bien gracias". Me recuerda que estamos juntos.

Dos personas ocupan la mesa del lado. Nuestras palabras se juntan con las de ellas. Piden algo como para celebrar. Una dice a otra, en son de despedida, aunque más bien es un cumpleaños por la torta y por las velas: 
Confío que superes bien el exámen de hoy y cada uno hasta la meta. Veinte no son nada pero definen todo. No vivas muchos años ni pocos, pero vive los que vivas.  Que seas feliz y lleves en ello a tu familia. Que seas alivio y luz. Que las ventanas del mundo se miren en tus ojos, todas las músicas en tus oídos, todos los vientos en tu piel. Que no te falte ningún aroma ni ningún sabor. Que las colinas sean suaves. Que haya olas pero no tormentas. Que lo irreparable pase. Que seas compasivo, generoso. Que seas rico y noble. Que el camino al frente sea abierto y subas, con placidez, las montañas una a una.
Retengo las palabras, un pedazo de chocolate cae sobre mi camisa. Ella ve la mancha y le digo que fue el pájaro que acaba de pasar volando. Refulgen sus ojos azules con la risa. Paga la cuenta y seguimos nuestro camino.

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